MINORÍAS ABSOLUTAS
Ideología obrera
S i algo nos ha enseñado este proceso electoral, es que el cambio ha llegado. Nos ha marcado una propuesta renovadora que rescata valores ya planteados hace décadas. La ideología vuelve a estar presente en la gente. Vuelven a creer que para construir, hay que saber primero qué y hacia dónde. Hemos rescatado el sustrato del obrero. Porque al fin y al cabo, eso somos. Obreros civiles que construimos nuestra sociedad con un propósito concreto, la mejora plural. Nos hemos dado cuenta de que algo no funcionaba, la sociedad se estaba forjando de arriba hacia abajo y esas construcciones jamás asientan bien. Ahora, cuando los sucesos en la vida cotidiana nos plantean situaciones como los desahucios, como la generación de un desempleo atroz que mutila la vida digna... cuando las reformas laborales se proponían para el beneficio exclusivo de los grandes dirigentes empresariales y un salario ya no era motivo para salir de la pobreza, en este momento, el obrero civil ha planteado un cambio de conducta y las elecciones han sido un instrumento eficaz.
Es curioso que durante este tiempo, la defensa natural de ese obrero, los sindicatos, no hayan estado a la altura siempre de sus funciones. Pero al igual que los partidos han tenido que regenerarse, los sindicatos han empezado a asumir su situación de agentes imprescindibles en la renovación social.
Ya he dicho que poco hay que inventar, tan sólo rescatar valores propios de momentos donde la sociedad avanzaba en pro de los ciudadanos. Recuerdo entonces la figura de Eloy Terrón, gran intelectual leonés alumno de González de Lama, primer presidente de la Fundación Primero de Mayo de Comisiones Obreras y comprometido con los valores sociales de la educación y el trabajo hasta el final (En 1965 Aranguren fue expulsado, junto a Agustín García Calvo y Enrique Tierno Galván de la Universidad de Madrid. En solidaridad Eloy renunció a su plaza y a una cátedra que le fue ofrecida por el decano de su facultad, Camón Aznar). Recuerdo palabras suyas: «Vivimos en un mundo pluralista. La diferencia que hay, por ejemplo, entre un ultraderechista y un humanista es la ideología. La ideología es la concepción del mundo; y esto es lo que diferencia a un hombre de otro. Una ideología humanista lo es en un sentido positivo, no alienante, liberador».
Queda claro: la ideología ha de reconvertir los valores fundamentales de los constructores de nuestra sociedad, ha de volver a ser parte imprescindible de esas plataformas (partidos, sindicatos, juntas vecinales, etc.) que defienden el valor imponderable del obrero cívico. Ese que con su trabajo diario dignifica y hace crecer nuestro bien común. Ya lo dijo Marcelino Camacho: «El derecho de huelga se consigue haciendo huelgas; el derecho de reunión, reuniéndose; el derecho de asociación, asociándose; y todos estos atributos de la libertad, es únicamente la acción de masas la que puede acabar imponiéndolos». No nos olvidemos. Todos somos obreros necesarios para el cambio. Todos somos masa.