Los pintores y las niñas que pintan
Martínez del Cerro y Martínez Roa, padre e hijo arquitectos, exponen en el Auditorio.

Nicolás Martínez Roa y Jesús Martínez del Cerro en la exposición en la que también participa la tercera generación de la familia.
Tres generaciones se han unido en la exposición que ayer abría sus puertas en el Auditorio con la presencia de la concejala de Cultura, Margarita Torres. Dos arquitectos que en los últimos tiempos se han dedicado intensamente a la pintura, Jesús Martínez del Cerro y Nicolás Martínez Roa, padre e hijo, con muy diferentes facetas en sus obras. Y la generación que viene, dos pequeñas artistas que siguen la tradición familiar y aportan una obra cada una a esta gran exposición.
El patriarca de la familia, vuelve a impresionarnos con sus cuadros llenos de expresividad, a través de los cuales nos encontramos con un mundo convulso, vibrante, lleno de movimiento. Es un universo que solamente aparece ante la mirada de este singular artista y que él sabe transmitir con toda su fuerza a la tela del cuadro.
Calles de León, calles de Madrid, el ambiente agobiante del metro, el latido de unas ciudades que viven una crisis de identidad que va más allá de lo meramente económico. Del Cerro nos hace dudar, ¿será el mundo como él lo ve o será como lo contemplamos los demás mortales? En sus lienzos la gente se agolpa hasta convertirse en masa, los edificios se decantan por la locura, empeñándose en olvidar cualquier norma de perspectiva, como si sus arquitectos hubieran perdido las plomadas. Son ciudades que caminan, que vuelan, que se empeñan en lanzar un grito desaforado, quizá para que nos demos cuenta de que esta es una situación insostenible. Puede que si el mundo se recompone estas calles, estos edificios locos vuelvan a entrar en razón y a mantenerse erguidos, impávidos e inmóviles sobre sus solares.
Podríamos decir que si Jesús, el padre, nos muestra el exterior, el hijo, Nicolás, se niega a salir del caparazón que lo protege. Su mirada se pierde en el abismo interior de sus reflexiones. Expresa emociones y lo hace de una forma original, partiendo de los grandes clásicos. Sus pinturas se fijan en obras maestras de la historia del arte, para deconstruirlas, para hacerlas suyas, para expresarse a través de unos personajes que viven ya un mundo perdido y olvidado. Son las suyas pinturas llenas fuerza, de potente colorido y trazo firme, que nos hablan de la tremenda lucha del artista con el entorno en el que le ha tocado vivir y que él intenta recrear destruyendo los grandes iconos de la civilización occidental.
Pueden verse en la muestra también varias curiosas esculturas, perteneciente a Jesús, en las que queda patente su facilidad para desenvolverse en cualquier faceta plástica. Especialmente atractivas son sus artísticas versiones de algo parecido al cubo de Rubik, pero que sin abandonar su sentido lúdico, tienen un importante contenido artístico.
Y, finalmente, no podemos olvidar las dos pequeñas obras, un pez sereno y orondo y una jirafa altiva, con las que la tercera generación, dos niñas pletóricas de ingenua belleza, abren las puertas de la muestra, quizá lo mejor de esta exposición que han titulado: Seguimos aguantando.