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RAFAEL SARAVIA
León

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N os convertimos en deseo lunar. Y ello nos confiere dotes para salvaguardar marismas... oleajes... secuencias que se repiten con el error y la plenitud constante. Tal día como hoy comenzó el mundo. El génesis comenzó un siete de octubre según el calendario hebreo y yo, que amo por igual esta luz viva que genera el sol, con esa plateada que proyecta la víscera lunar, me entrego con la apetencia de quien no necesita más que unas letras para dormir el tiempo y sus desórdenes. Las letras como comienzo perpetuo... como inicio del inicio del inicio, a modo de deidad.

Hace unos días nos enterábamos que una guardiana de las letras ajenas nos dejaba. Carmen Balcels y su visión devoradora de paraísos literarios. La mujer que supo desempolvar la lucidez hispana y sus heridas en tinta. Otra persona que entendió que el avance del mundo está en lo escrito. Lo escrito como guardián de la memoria, esa que da tesoros, esa que es principio. Descubrir que somos lo que hemos sido desde que recordamos... desde nuestro nacimiento consciente. Y saber que el futuro no es. Aunque ilusione su incertidumbre y sea motivo de vida.

Por eso, la ilusión de esa lucha inhóspita contra el alzhéimer desde el Hospital de León genera unión con esta génesis del mundo. Con la épica de conservar el recuerdo de lo que hemos crecido en vida. De lo que recordamos desde los comienzos. La palabra dota de significado nuestra presencia. El milagro está en ese recuerdo primigenio. Y transmitirlo genera el comienzo y el final de lo explicable.

Puedo para ello entender los ciclos necesarios para la emoción. Puedo entender la muerte como catarsis y alegoría del silencio. Como inicio de un nuevo final. Por eso cuando un once de octubre Jean Cocteau se entera de que su amiga Edith Piaf comienza otro camino ajeno a la vida, pocas horas después un infarto le otorga el génesis para acompañar su huida. Apenas dos días antes, el nueve de octubre, Jean Giono también había infartado su vida para darle otra fundación. Mueren para seguir viviendo.

Nos hace falta el hilo de luz que da comienzo a todo. La «figuración de lo insólito», a la manera en que la palabra teje significados, verdades y ficciones. Nos hace falta ciclos como este de la Universidad de León donde la génesis de la dicción se muestra de manera apetecible en varios géneros y a lo largo de varias conferencias con ponentes de primer orden los días 15 y 16 de este mes.

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La palabra y el génesis. Como alimento la una de esos otros muchos empieces. El milagro y su proyección vocal. Igual que cuando San Froilán introdujo las brasas encendidas y no sufrió quemadura alguna. Lo insólito, el comienzo del prodigio entorno a la palabra y su universo generador. Así nacemos el mundo a cada intento. Así nos nace el mundo en cada recuerdo; así el origen que alberga todos los finales posibles.