Enrique Reche exhibe en la galería Bernesga la soledad de sus naturalezas muertas

Reche, junto a una de sus hiperrealistas pinturas.

Publicado por
Marcelino Cuevas | león
León

Creado:

Actualizado:

Una rosa es una rosa, así de sencillo. Pero, ¡qué difícil resulta pintar bien una rosa… o cualquier otra flor! Enrique Reche, que es de Valladolid y amante del silencio y la música clásica, pinta flores y frutas con el virtuosismo de un clásico. El artista está considerado como uno de los más firmes pilares del hiper-realismo español, lo asegura ni más ni menos que Antonio López, el pintor más cualificado del momento dentro de ese estilo. Reche presenta en la galería de arte Bernesga una colección de cuadros en los que destacan los óleos sobre papel, que realiza con exquisita técnica. También hay alguno sobre lienzo, acuarelas y, como no podía ser de otra manera, un dibujo en el que se aprecia perfectamente la base esencial de sus trabajos.

En la muestra solamente hay naturalezas muertas, a pesar de que el artista también realiza habitualmente retratos. «Soy —dice— un pintor al que le gusta mucho estar encerrado en el estudio. Como vivo feliz en la soledad, prefiero pintar elementos que pueden estar a mi alcance, los motivos que puedo crear desde el interior de cuatro paredes. Ese querer estar solo es lo que me ha obligado a elegir casi siempre estos temas».

Las soberbias pinturas de Reche hablan inexorablemente de virtuosismo, «Para mí —explica—, es relativamente fácil conseguir estos efectos de realidad. Llevo muchos años metiéndome de lleno en la figuración y el realismo y es con lo que más disfruto» El pintor siente a veces la tentación de salir del estudio, de dar un paseo escuchando el canto de los pájaros en vez de las notas sacralizadas de la música clásica, pero eso no significa que sus emociones vayan más allá de las naturalezas muertas que, en este caso repite pintando, en espléndidas acuarelas, árboles muertos, troncos de árboles que han sido exuberantes en su momento y de los que solamente queda su esqueleto. Es una manera de volver a cerrar el círculo, de volver a pintar, como siempre, en soledad.

Y como anécdota digamos que Enrique Reche, siempre estricto, siempre elegante, se permite en ocasiones un divertimiento, como es el caso de un cuadro en el que podemos ver en todo su apetitoso esplendor dos pollos asados tremendamente apetitosos que ponen de manifiesto tanto su virtuosismo como un divertido guiño al humor.

Cargando contenidos...