Diario de León

CULTURA

Amancio González encierra en el campus la mayor de sus ‘criaturas’

‘Deconstrucción XI’ supone un episodio más del programa ‘El hall transformado’.

El artista posa con su ‘Deconstrucción XI’ en el hall de Filosofía y Letras.

El artista posa con su ‘Deconstrucción XI’ en el hall de Filosofía y Letras.

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E. G. | LEÓN
León

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Hay un nuevo estudiante en Filosofía y Letras. Un alumno enorme y metálico que trepó —o lo colgaron— a lo más alto de un majestuoso cubo de seis metros de lado y que allí comparte alturas con pancartas reivindicativas en contra de la reforma educativa. El resto de matriculados en las titulaciones de Letras que conviven en el mismo edificio del campus de Vegazana se lo encontrarán hoy nada más entrar por la puerta, porque se trata de una edición más del programa El hall transformado, protagonizado en esta ocasión por el prolífico escultor leonés Amancio González.

El artista de Villahibiera dice estar convencido de que ésta es la más grande de sus creaciones, él que está habituado a alumbrar personajes de rotunda presencia y no poco tonelaje. «El gran problema de este trabajo ha estado en sus dimensiones. Cada lado del cubo mide seis metros y lo hemos construido dentro del propio hall a lo largo de estos dos días, haciendo del techo y del suelo dos elementos más de la escultura», contaba el también creador de la popular Vieja Negrilla. En cuanto a la figura, está formada por nada menos que «tres mil piezas de tetracero», como detallaba su autor, y su presencia en Filosofía y Letras se prolongará durante todo el mes de noviembre aunque es muy probable que se prologue algún tiempo más.

Bajo el título de Deconstrucción XI, la obra ha sido realizada básicamente en hierro y, a decir de Amancio González, «continúa, dentro de mi trayectoria artística, con una serie de obras en las que busco la organicidad plástica de los metales y la relación de esta organicidad con un complemento inorgánico o geométrico dentro de una composición escultórica». El objetivo prioritario ha sido, avanzó, «establecer un dialogo entre la escultura y el espacio que habita, y entre ellos y el espectador». Entre los doce cuadradillos huecos, las 50 varillas de acero, los varios metros de soga y los trabajos de taller, transporte y colocación —hizo falta una máquina elevadora para su instalación—, el presupuesto de acomodar a este ‘nuevo alumno’ ha ascendido a 2.000 euros.

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