CULTURA
Luis Mateo entra en la nómina de los clásicos con ‘El reino de Celama’
Presenta en noviembre la edición crítica de Cátedra en Santa María del Páramo y León

Adaptación teatral de ‘El reino de Celama’, muy alabada por Luis Mateo Díez
Lo confiesa: «Tengo una deuda con aquella tierra. Siento que debo ir allí y cumplir con ese débito, que es un débito serio...». Luis Mateo Díez habla como un hombre que tuviera una obligación ineludible, una gestión que necesariamente hubiera de formalizar cuanto antes. La deuda tiene forma de viaje «y de unas cuantas explicaciones». Y ese viaje es un encuentro con «el Páramo real», precisa. Con la comarca del Páramo leonés, cuyo trasunto literario, Celama, constituye la cartografía mítica sobre la que se despliega una trilogía, El reino de Celama, que le ha valido algunos de los más importantes galardones literarios de nuestro país.
El encuentro no tardará en producirse. Tendrá lugar el próximo 6 de noviembre, a mediodía, cuando el escritor y académico de la RAE se vea las caras con los alumnos y profesores del Instituto de Santa María del Páramo para hablarles de la trilogía El reino de Celama en la edición que acaba de publicar Cátedra-Letras Hispánicas —donde se compilan y analizan los grandes clásicos de la lengua castellana—, con estudio crítico previo a cargo de la profesora universitaria Asunción Castro. Por la tarde, a las 20.00, el autor presentará el volumen en la Sala Región del Instituto Leonés de Cultura.
Luis Mateo Díez (Villablino, 1942) quiere ir al Páramo pero al Páramo de la juventud y del futuro, él que conoció, de niño, aquella comarca anterior a la llegada del regadío, «extremadamente pobre» y a la que no ha regresado desde entonces. Siempre le ha gustado compartir momentos con los estudiantes (califica de «inolvidable» uno de los que vivió en Laciana) y se prestará de buen ánimo a preguntas e inquietudes.
La ‘conquista’ de Celama
«Ha sido un largo camino el que me ha llevado a Celama...», cavila Mateo Díez cuando se le pregunta por los sentimientos que le asaltaron cuando tuvo esta cuidada edición entre las manos. «Literariamente ha sido un largo camino. Ya antes había tenido alguna perspectiva de una geografía imaginaria, por ejemplo con la ciudad de Las estaciones provinciales, que era León, claro, aunque nunca se nombraba, pero a partir de La fuente de la edad Celama ya estaba ahí, un territorio inhóspito en el suroeste de la provincia», rememora. «Fue al publicar El espíritu del Páramo y, sobre todo, La ruina del cielo, que tuvo un mayor reconocimiento, con el segundo Premio Nacional de la Crítica y el Premio Nacional de Literatura, cuando tuve la sensación de que había alcanzado algún tipo de conquista dentro de ese mundo», reflexiona.
«Creo que ésta es una novela un poco fin de siglo —piensa del libro que recoge, además de las dos citadas, también El oscurecer—. Una fabulación sobre el crepúsculo de las culturas campesinas, de un modo antiguo de trabajar y de estar en el mundo. Y sí, me sentí contento cuando vi y hojeé el libro».
Y cuando lo leyó. Porque Luis Mateo, que no suele releer sus novelas —lo asegura él mismo—, se volvió a sumergir en ésta con curiosidad e interés. «Sí, hay algunas cosas que hubiera adelgazado, cambiado, etc., pero esos pequeños detalles es mejor olvidarlos. Lo que sí me ha pasado es que he redescubierto muchas cosas de Celama y que he encontrado satisfacción en la lectura del libro».
¿Un montañés escribiendo sobre el Páramo, sublimando la esencia de la vida transcurrida en medio de la esterilidad y la aridez? «En eso siento que he seguido un poco la estela desvariada de mi padre, que tenía interés por las transformaciones del territorio, por el regadío...».
Y esa obsesión por el agua de los parameses —que en realidad tenían bajo sus pies, en las capas freáticas— queda perfectamente fijada en las páginas de la obra, reflejo de aquella época en la que la comarca «se llenó de pozos y de norias», recuerda el escritor. «Esa es la parte épica de la novela, la que da cuenta de esa inmensa aventura del esfuerzo humano», aprecia. «Lo entendió muy bien Fernando Urdiales y toda la compañía Teatro Corsario cuando hicieron la adaptación teatral de la novela, con esa puesta en escena de ritual fúnebre». A la vez, calificó de «maravilloso» el estudio previo de Asunción Castro y, preguntado por una nueva incursión narrativa en Celama, advirtió que ese mapa comarcal no sólo se reduce a los tres títulos. «Irradia gran parte de mi obra, casi siempre aparece en ella algún personaje de viene de Celama o que ha estado allí».
«Infinitas vidas», «arqueo de emociones», intento de atrapar «una memoria ancestral» que se consume... son expresiones que van punteando la conversación. Y al final: «Sí, me ha quedado una cosa bastante ambiciosa...».
Una edición de clásico, así pues, para ese relato que comienza: «Lo que pudiera contar es casi lo mismo que lo que pudiera contar de un sueño, o de un mal sueño para ser exacto...».