el viaje de julio
«Vivimos poco y es absurdo perder la vida en guerras de territorios»
El escritor leonés Julio Llamazares publica ‘Atlas de la España imaginaria’.

Imagen de archivo del escritor leonés Julio Llamazares.
Ha sido un empeño de su editor. Atlas de la España imaginaria es un viaje por lugares tan fantásticos como Babia, Jauja o la Ínsula Barataria, todos reales y, al mismo tiempo, míticos. Siete enclaves que están en el imaginario colectivo y que el escritor leonés Julio Llamazares rescató en sucesivas entregas en La Vanguardia y que ahora adquieren formato de libro mágico de la mano de Nórdica, con fotos de Navia e ilustraciones de David de las Heras. Llamazares presenta hoy la obra en la también legendaria librería madrileña Méndez, aprovechando que hoy es el Día de las Librerías.
—¿’Atlas de la España imaginaria’ es un libro de viajes por lugares ficticios que son reales?
—Son viajes a lugares que la gente cree que no existen, como Babia, que fuera de León piensan que no es real; también a Jauja, que está en Córdoba; o a la Ínsula Barataria, un pueblo aragonés que inspiró a Cervantes y que cuando crece el Ebro se transforma casi en una isla. Lugares que se han convertido en míticos por la literatura, sobre todo del Siglo de Oro, y el teatro que iba de pueblo en pueblo. Tierra de Jauja, por ejemplo, es un entremés de Lope de Rueda, un sitio que el imaginario colectivo asocia con la abundancia.
—¿Qué cuenta de Babia?
—Cuento cómo son realmente los lugares que mucha gente cree que no existen y explico por qué Babia ha llegado a ser un lugar de fantasía. Todos los lugares del Atlas tienen en común que están realmente entre la imaginación y la realidad; están a caballo entre la tierra y el cielo.
—¿Cómo hizo la selección?
—Cogiendo los más emblemáticos y populares, los que forman parte de las frases populares. Son los más conocidos y, de algún modo, cuentan la diversidad de la Península. En realidad es un libro más de editor que de autor. Son textos que había hecho para el suplemento dominical de La Vanguardia y que Nórdica ha rescatado en este libro colectivo, con prólogo de Pedro García Martín.
—¿Cuántos lugares conforman el ‘Atlas de la España imaginaria’?
—Son siete: tres de Andalucía (Los Cerros de Úbeda, Fuenteovejuna y Jauja), uno de León (Babia), uno de Salamanca (Las Batuecas), uno de Madrid (entre Pinto y Valdemoro) y uno de Zaragoza (la Ínsula Barataria). Los Cerros de Úbeda tienen una conexión leonesa, porque aluden a un alférez leonés que desapareció en ellos con una mora.
—¿Es un libro de lugares o también de gentes?
—Son textos muy literarios. No son reportajes periodísticos. Es una geografía poética de una cierta España de la sabiduría popular. Tiene que ver con el mito del paraíso perdido que ha atravesado toda la historia de Europa. Babia, por ejemplo, es un dicho que se repite en toda Hispanoamérica.
—¿Hizo el viaje a esos lugares junto al fotógrafo Navia?
—Hicimos algunos viajes juntos, a Jauja y a Fuenteovejuna. He trabajado mucho con él, somos buenos amigos y nos entendemos. Cada uno va por su lado, porque los ritmos de la escritura y la fotografía son distintos. Digamos que recorrimos los lugares juntos, pero por separado. El editor, Diego Moreno, ha hecho un objeto muy bonito. Son en realidad tres miradas: la literaria, la fotográfica y la ilustrada.
—¿Anima a recorrer los lugares del ‘Atlas de la España imaginaria’ o hay alguno decepcionante?
—Hay uno donde no me recibirán bien: entre Pinto y Valdemoro. Es la zona menos visitable, situada en el cinturón de Madrid. Cuando lo publiqué en La Vanguardia recibí una carta muy ofendida del entonces alcalde de Valdemoro, un tal Francisco Granados, que hoy está en la cárcel.
—Este año ha publicado ‘Distintas formas de mirar el agua’, ha reeditado el libro sobre Genarín y ahora este Atlas, ¿ha cogido carrerilla?
—Con la novela sí, porque la escribí más rápido de lo normal. Lo otro es una reedición. Y, en este caso, sólo he revisado los textos. Ha sido una simple coincidencia en el tiempo, no he cogido carrerilla.
—¿De todos los parajes del Atlas cuál le sorprendió más?
—Jauja, porque me lo imaginaba de otra manera o, simplemente, no me lo imaginaba. Es que Babia, Los Cerros y La Ínsula Barataria ya los conocía. Jauja es un pueblín muy pequeño de Córdoba, en la frontera con Sevilla, donde nació José María ‘El Tempranillo’, toda una leyenda en la zona.
—Aunque conocía la mayoría de los lugares, ¿tuvo que volver a visitarlos para el Atlas?
—Sí. Fui uno por uno. Pasé dos o tres días en cada uno. Para mí, eso no es un trabajo, es un placer, es de lo que más me gusta hacer.
—Ahora que tenemos una ‘guerra de territorios’, ¿cómo lo ve desde su perspectiva de ‘apátrida’?
—Me parece absurdo que en el sigo XXI estemos con debates del XIX. Vivimos poco y perder la vida en eso me parece absurdo. Es más importante recorrer lugares.
—¿Tras su relato de esos lugares hay también un retrato de la España profunda?
—No. Algunos lugares están atrasados, como Las Batuecas, pero Pinto y Valdemoro es un sitio muy mestizo y suburbano. Los Cerros de Úbeda son puro monte. Son lugares pequeños, más imaginarios que reales.