Diario de León

El arte se hospeda en el Quindós

Desde un ejemplar de ‘Cien años de soledad’ dedicado por García Márquez, grabados de Fortuny, Picasso y Chillida, hasta una ‘Negra’ de Luis Zurdo. En este improvisado museo se alojan 900 obras de diversas épocas .

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PABLO RIOJA | LEÓN
León

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La intención de los dueños del hotel a medio plazo es catalogar todas las obras que tienen expuestas para que huéspedes y ciudadanos conozcan de una forma sencilla lo que están contemplando. MARCIANO PÉREZ

Nunca arte románico, gótico, pop e incluso arte contemporáneo cohabitaron en un mismo espacio sin prejuicios, sumidos en una especie de orgía cultural donde a primera vista nada tiene pies ni cabeza, pero rebosantes de una carga sentimental que da sentido a todo. Y no, este particular ‘museo’ que echa raíces a escasos metros del Parador de San Marcos no aparece en las guías turísticas de la ciudad, aunque tampoco lo pretende. Está ahí, a la vista de cualquier curioso que se atreva a cruzar más allá de la recepción, en las tripas del hotel Quindós.

«Aquí descansa el arte biográfico de mi padre», señala José Quindós —hijo de Sira y Jaime— fundadores del hotel y responsables de que en el inmueble se alojen más de 900 obras. Desde una galocha de los años 80 creada por el artista asturiano Fernando Alba, una ‘Negra’ de Luis Zurdo, pasando por un grabado del siglo XIX de Mariano Fortuny hasta un ejemplar de Cien años de soledad dedicado por el mismísimo Gabriel García Márquez.

«No importa tanto el valor monetario de lo que tenemos sino el valor histórico», puntualiza una de las tres cabezas visibles de este negocio familiar que se extiende ya hasta su tercera generación. «Es cierto —no obstante— que algunas piezas alcanzan un precio de mercado nada desdeñable, como unas meninas pop valoradas en 3.500 euros; la galocha de Alba, en torno a los 6.000 y grabados de Chillida o Picasso que rondarían los 3.000 euros» —destaca— no sin antes advertir que «nada está en venta».

Este disparatado y bello microuniverso se expande sin límite aparente ni agujeros negros de abajo a arriba —incluidas las escaleras— hasta su séptima planta. Muchos de los huéspedes de carne y hueso que lo transitan confirman que aquí las paredes sí que hablan. De pronto uno puede estar tomándose un café, alzar la vista y creer, sin ningún tipo de duda, que aquellos discos de pizarro susurraban acordes al oído de las meninas del legendario equipo Crónica.

Pero —como el propio José Quindós aclara— para entender el porqué de este despliegue artístico sin precedentes en la ciudad, conviene ahondar en la historia personal de su progenitor, Jaime Quindós. «El hotel abre sus puertas en el León de 1967, con mis padres llegando a una especie de acuerdo con el por aquel entonces desconocido Luis Zurdo. Querían que el hoy ‘guardián de las vidrieras’ se explayase sin límites en una simbiosis casi perfecta. Él tendría un lugar donde exponer su obra y ellos arte leonés del bueno como welcome a los turistas».

Hacia 1977, tanto Jaime como su mujer Sira Martín-Granizo —amantes confesos de las antigüedades— deciden ampliar miras embarcándose en otro proyecto que marcaría el devenir del actual hotel Quindós; la tienda Maese Nicolás, en la calle García I. «Traían antigüedades de medio mundo, aunque después de algún que otro disgusto, mi padre evolucionó al arte más moderno de la época». Maese Nicolás se convirtió en un modelo de tienda galería sin apenas referentes en España, donde se podían adquirir mediante suscripción obras de Chillida, Tàpies, Barjola, Julio López y también de numerosos artistas leoneses. «Con aquel modo tan sutil mi padre fomentó la cultura del arte en la ciudad. El propio Antonio Gamoneda escribía las críticas de las nuevas colecciones que llegaban a la galería.

En el año 1998 el local cerró sus puertas definitivamente, pero no así su espíritu. «En los buenos años de Maese Nicolás, el número de obras con las que contaban era tan elevado que mi padre comenzó a trasladarlas al hotel». De pronto aterrizaban forjas de hierro, esculturas, cuadros... Y así, sin más, fue cómo desde los años 80 el Quindós comenzó a enriquecerse con retales de todo tipo.

Un paso más

En la actualidad, tanto José como sus hermanos —Sira y Jaime— mantienen vivo el legado de sus padres e incluso han sabido darle una vuelta de tuerca más. «Está claro que la cultura es un generador económico de primer orden y nosotros tratamos de mezclarla con el mundo de la empresa para seguir apoyando a artistas locales que como aquel Luis Zurdo necesitan un hueco en el que darse a conocer». Desde hace cuatro años organizan toda clase de eventos culturales. Exposiciones temporales, presentaciones de libros, pequeños conciertos... Entre sus proyectos a corto y medio plazo planea la idea de catalogar el 100% de las obras que hay en el hotel «para que los clientes y ciudadanos sepan lo que están viendo». Mientras tanto, vale la pena hacerse pasar por un huésped y empaparse de este enorme legado familiar.

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