CULTURA
El legado de Carnicer
José Enrique Martínez coordina ‘El viaje de la palabra’

El libro sobre Ramón Carnicer
Una conciencia vigilante, un sociólogo sin título, un ecologista apegado a la naturaleza, un obstinado observador de la realidad y una persona de profundo sentido moral confluyen en un escritor polifacético como lo fue el leonés Ramón Carnicer (1912-2007), ahora recordado en un libro a él dedicado.
Coordinado por el profesor de la Universidad de León y crítico del Diario José Enrique Martínez, El viaje de la palabra (Eolas ediciones) revisa y actualiza el legado de Ramón Carnicer, ciudadano del mundo, divulgador ameno e irónico, curioso infatigable y dueño de un estilo claro, discreto e hijo del rigor y la documentación.
Son algunos de los rasgos y definiciones vertidos en la quincena de estudios que engrosan este libro colectivo por parte de críticos, profesores universitarios y otros conocedores de la obra de Carnicer, autor de veinticinco libros de cuentos, novelas, viajes, memorias, investigaciones y ensayos lingüísticos entre 1961 y 1998.
Con mínimas excepciones, «hay pocos trabajos recientes sobre su obra y había que remontarse a 1991 para encontrar el último», ha explicado hoy a Efe el periodista Alonso Carnicer MacDermott, hijo de ese escritor que residió más de media vida en Barcelona, y colaborador suyo como fotógrafo en varios de sus libros de viaje.
«Tenía una gran libertad de pensamiento y escribió con esa misma libertad acerca de muchos temas, cosa que pudo molestar a algunas personas del ‘establishment’ literario, los que otorgan premios y promocionan o relegan a autores», ha explicado sobre una supuesta «invisibilidad» de la obra de su padre que no comparte del todo.
Un número reducido de escritores y estudiosos «pero creemos que significativo, la valoran mucho y la ven como un modelo de buen hacer literario», ha añadido respecto a quien, aunque más mayor que ellos, formó parte del grupo vinculado a la revista Laye junto a Carlos Barral, Jaime Gil de Biedma y José Agustín Goytisolo.
«En general, puede que ahora no se le esté siguiendo mucho, pero quizá en el futuro sí. Es uno de esos autores muy conocidos en su momento pero que luego cae en un relativo olvido y otra generación retoma su legado», ha apuntado acerca de la validez, actualidad e importancia de ese legado.
En Cuentos de ayer y de hoy (1961), el primer libro de este escritor tardío, ya desgranó, a juicio del profesor José Enríquez Martínez, algunas de las claves de una personalidad marcada por la libertad de pensamiento, el análisis de la sociedad que le tocó vivir, y la defensa del entendimiento y respeto entre culturas y pueblos diferentes.
«Su fecunda labor literaria e investigadora no ha gozado de los reconocimientos que merece. Cuenta, ciertamente, con lectores fervorosos, pero en el contexto general de la literatura española contemporánea padece un olvido absolutamente injustificado», anota Martínez en el estudio que abre El viaje de la palabra. En todos los géneros huyó de los tópicos, prodigó una minuciosa observación, anotó con rigor, acusó un «magnífico dominio del lenguaje», recurrió a la economía de medios y deslizó un fino humor e ironía en su interés por analizar la condición humana y social de cada época, expone por su parte Helena Fidalgo (Uned Ponferrada).
Todos sus libros de viaje -sobre Castilla, Extremadura y los enclaves españoles- «mantienen su interés», y los que dedicó a la gramática española para alertar sobre vicios, usos incorrectos y mal empleo del lenguaje «siguen tristemente videntes», ha añadido Alonso Carnicer. Su escritura, «ajena a las modas, mercados y tendencias efímeras», gozó de «un sentido crítico e irónico» que «sigue siendo un arma para desenmascarar las mentiras y supercherías», ha agregado.
«Algunas de sus reflexiones sobre el mundo, el capitalismo, las desigualdades, los atropellos contra el medio ambiente, los desafueros de la banca y el poder, las guerras neocoloniales, se leen ahora como si acabaran de escribir en este momento».