Diario de León

MINORÍAS ABSOLUTAS

Principiantes absolutos

Publicado por
RAFAEL SARAVIA
León

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S e nos cuelga la salud, y eso que era de lo poco que nos importaba. Hablo en pasado porque tal vez se nos cuelen por la rendija de las preocupaciones secundarias aspectos tan importantes como este. O estamos enfermos o la sanidad nos preocupa como algo tangencial, nada primordial para el momento de inmunidad concreto en que vivamos.

Recuerdo ahora al irreductible Bowie... su fuerza de cambio le acompañó toda la vida y sólo al final se dio cuenta de que ni la fama ni el lugar que ostentaba eran imperecederos del todo. 18 meses luchando contra un cáncer que no respeta genialidades. Pero ni por esas somos capaces de verlo... la importancia de invertir en lo importante.

Ni investigación ni desarrollo. Ni investigación en un país como el nuestro donde en la última legislatura se han perdido más de 33.000 maestros funcionarios, aquellos que desarrollan con solvencia el ímpetu creador para que nuestros jóvenes den lo mejor de sí mismos. Ese lugar, el magisterio (el magister), que siempre estuvo -y está- por encima de esos todopoderosos ministros (el minister) que poco solucionan por falta de escucha activa.

Lo mismo ocurre con la sanidad. El lugar que debería ocupar un desarrollo beneficiario a nivel social. El número de funcionarios en la sanidad pública ha bajado en 25.000 trabajadores en la última legislatura. Ya ven: sanidad y educación. Lo importante para gestar libertad.

Hablando de lo nuestro, entristece saber que el Hospital de León se encuentra a la cola dentro del Índice de Excelencia Hospitalaria que evalúan los profesionales de la sanidad. Ellos sitúan al complejo leonés en el puesto 70 de 93 hospitales de España, y el peor valorado de los hospitales de Castilla y León.

Sabemos que las urgencias en nuestro hospital se colapsan con una facilidad anormal incluso teniendo a gente tirada por los pasillos esperando a ser atendidos. Las prioridades deberían estar claras, pero parece ser que tanto la salud como la educación, acaban justificándose en términos de rentabilidad que nada tienen que ver con la vida real de los ciudadanos.

Falta personal en los hospitales, en las aulas... nunca sobran diputados, senadores, cargos de confianza a plazo fijo... nada cuenta en el total de los despropósitos.

Seguimos siendo principiantes absolutos, pero no a la manera transgresora de David Bowie cuando decía: «No tengo demasiado que ofrecer/ no hay demasiado que tomar/ Soy un principiante absoluto/ pero estoy absolutamente sano».

Nosotros andamos tocados de salud y no nos damos cuenta de que gota a gota, sin la protesta necesaria, los estamentos de poder liman los lugares de peligro -la educación pública, universal y gratuita que forma librepensadores- y consolidan los negocios que jamás pasarán de moda -la sanidad y su privatización: el que quiera vivir más y mejor que pague por su excelencia- y entierran los derechos fundamentales de la vida bajo el peso del dinero y su mercadeo.

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