Celia también vio la Guerra Civil
Renacimiento rescata la novela prohibida de Elena Fortún, con prólogo del escritor leonés Andrés Trapiello.

Portada del libro. DL
alfredo valenzuela | sevilla
Elena Fortún creó a Celia, el personaje más emblemático de la literatura juvenil española, y su novela más azarosa, Celia en la revolución, ha sido rescatada ahora como una de las grandes novelas de la Guerra Civil y como el relato de la terrible verdad de esa guerra vista por los ojos de una niña.
Fue la novela más azarosa de Elena Fortún (Madrid 1886-1952) porque, terminada su escritura en 1943, tardó casi medio siglo en publicarse, mucho después de la muerte de su autora, en 1987, cuando se efectuó una edición que pasó casi desapercibida y cuyos ejemplares han sido objetivo de bibliófilos, como recuerda en el prólogo de la edición Renacimiento el escritor leonés Andrés Trapiello.
«En ningún otro libro están mejor contadas las sacas, checas y paseos en el Madrid revolucionario», afirma Trapiello, quien llega a asegurar que «es la novela que hubiera querido escribir Baroja, y no pudo; le faltó conocimiento de primera mano para hacerlo, y la que habría querido escribir Max Aub, y no supo, al estar preso él, como tantos otros, de prejuicios».
Si la novela no se pudo publicar en Buenos Aires, durante el exilio de Fortún, porque le habría ganado la enemistad de los exiliados, el régimen franquista, aún deseoso de material propagandístico, nunca hubiera publicado un relato que describe los bombardeos sobre Madrid y que trasluce la fe de su autora en los ideales republicanos.
Trapiello sostiene que Fortún llama a las cosas por su nombre cuando lleva al título de su novela la palabra «revolución» porque lo que sucedió en Madrid «había sido una revolución en toda regla, entre cuyas víctimas se contarían algunos miles de republicanos convencidos».
«Elena Fortún no quiere hacer propaganda, no quiere tampoco hacerse la víctima. Le ha tocado esa circunstancia, y ella es una escritora de circunstancias, y desde luego realista», añade Trapiello al explicar cómo la autora deja que su protagonista, la niña Celia, pose su mirada por todas partes, desde la evacuación de Argüelles y San Antonio de la Florida y los consiguientes saqueos, a los refugiados que llegan de los pueblos y las checas y cárceles improvisadas.
«Con una precisión y sobriedad de relojero» dice Trapiello que describe el comportamiento de «tantas gentes sedientas de sangre y venganza» -cómo se ríen desde los tranvías al pasa por delante de los asesinados la noche anterior- o el desfile nocturno por una Castellana iluminada por la luna de las jirafas y los osos blancos disecados que salen del Palacio de Medinaceli camino del Museo de Ciencias Naturales. Celia en la revolución , concluye Trapiello, «es la novela de la lucha por la vida en la retaguardia, la gran novela del miedo y el hambre, sus verdaderos personajes».