Un museo al aire libre
Muy poca gente conoce la puerta de atrás del Instituto Leonés de Cultura. Esconde esculturas, lápidas, un pequeño jardín botánico leonés y las modernas instalaciones creativas ligadas al Centro Leonés de Arte del Palacete de Independencia.

La maternidad de Marino Amaya mira hacia el jardín leonés que alberga el patio del Instituto Leonés de Cultura. SECUNDINO PÉREZ
ana gaitero | león
Las esculturas, epigrafías y restos arqueológicos que reposan en el patio del edificio Fierro constituyen un museo al aire libre. Y algo más. Son un resumen gráfico de la historia de esta finca situada en el corazón de León que la Diputación quiso convertir en una gran manzana cultural.
La maternidad sentada que ofrece a su criatura como al infinito es una de las habitantes más curiosas del patio trasero del Instituto Leonés de Cultura. Y un recuerdo del uso que, como hospicio, tuvo este solar desde finales del siglo XVIII hasta mediados del siglo XX. Pero no fue concebida para este lugar. Es una obra de Marino Amaya, escultor de Astorga y también autor de la imagen de La Inmaculada de la plaza Circular, que la Diputación provincial encargó para la residencia infantil San Cayetano.
Hace algunos años, con la pretensión de «dignificar el espacio», cuenta Jesús Celis, la escultura se trasladó desde la carretera de Carbajal a este recoleto espacio escondido entre las calles Santa Nonia, Independencia y Puerta de la Reina y que habitualmente se usa como aparcamiento de los coches del personal de la Diputación y visitantes. La idea fue de Luis García Martínez.
Aunque muy poca gente lo sabe, es un lugar abierto al público durante las horas de oficina y un puente de comunicación entre el edificio Fierro y el palacete de Independencia que alberga el Centro Leonés de Arte (CLA).
El edificio Fierro fue bautizado así en honor a su benefactor, Ildefonso Fierro, aquel joven emprendedor de Lugueros que a principios del siglo XX hizo fortuna con una fábrica de fósforos y acabó siendo uno de los principales accionistas del Banco Central.
La construcción, diseñada por el arquitecto leonés Miguel Martín-Granizo, cumple 50 años desde su inauguración y varias reformas para acondicionar los espacios a los usos que las diferentes corporaciones provinciales han querido darle.
Fue la sede la Institución Fray Bernardino de Sahagún, la herramienta cultural de la que se dotó la Diputación provincial a medida que fue deshaciéndose de otras competencias como la gestión y el depósito de la Biblioteca Pública Provincial de León, actualmente vecina de patio.
La figura de Fray Bernardino de Sahagún, pionero de la antropología, ocupa un lugar central en este espacio con una escultura realiza por Jesús Trapote. El monumento, de 2,5 metros de altura, ganó el premio del concurso convocado por la Diputación en 1988. Está realizada en un solo bloque de piedra de Novelda.
El lingüista e historiador leonés cuyos documentos fueron clave en la reconstrucción de la historia de México permanece en esta puerta de atrás alejado del mundanal ruido, por más que los funcionarios intenten hacer más habitable y ameno el espacio. En su tiempo se plantaron en este jardín especies arbóreas propias de la provincia como el fresno, un cerezo, un álamo... María Jesús Gutiérrez quiso realizar en este jardín una recreación de la arquitectura tradicional leonesa, desmontando casas típicas en pueblos y trasladándolas al corazón de León. Nunca llegó a pasar ni la fase de aprobación.
En un rincón del patio, a resguardo de las lluvias, se encuentra la Alegoría de la República, una mujerona acompañada de un león que desde el 14 de abril de 1932 hasta 1936 estuvo en el patio del Palacio de los Guzmanes como conmemoración de la proclamación de la II República, el 14 de abril de 1931.
El archivero de la Diputación, Wenceslao Álvarez Oblanca, se encontró la escultura en los sótanos de la Diputación en los años 80. Estaba desmontada en varias piezas. Decidió componerla y la trasladó al patio del edificio Fierro. Lo que no le pudo poner fueron los brazos. La Alegoría de la República, una obra de Manuel García Álvarez, con más valor testimonial e histórico que artístico, está mutilada y espera una restauración en la que hasta ahora no ha mostrado interés ningún diputado de Cultura ni presidente de la Diputación.
A resguardo se encuentran también las lápidas con epígrafes de distintas épocas, capitales, restos del hipocausto de las termas de Lancia y también del mercado del poblado astur romano excavado por los más prestigiosos arqueólogos, destacando las campañas de Francisco Jordá Cerdá que descubrió entre otras cosas las termas.
También hay piezas de un hórreo restaurado en la montaña leonesa, escudos de casas como uno procedente de Tolibia de Arriba y otros objetos de piedra que forman parte de una colección arqueológica que reposa en los almacenes del ILC y que se espera que a finales de este año vuelvan a exponerse al público. Antes habrá una reforma interior para acondicionar espacios.

Monumento a Fray Bernardino de Sahagún. SECUNDINO PÉREZ