PATRIMONIO
Rescatan las pinturas arrancadas de San Isidoro
La Junta licita en 378.899 euros la restauración de los frescos de la cámara de Doña Sancha, enrollados hace 55 años

Las pinturas arrancadas de la cámara de Doña Sancha y enrolladas.
verónica viñas | león
Es una de las mayores chapuzas cometidas en San Isidoro. Los murales arrancados de la cámara de Doña Sancha por orden del arquitecto Luis Menéndez Pidal serán recuperados 55 años después. La Dirección General de Patrimonio ha sacado a licitación la restauración de estos frescos por importe de 378.899 euros, con cargo a los Fondos Feder, según publicaba ayer el Boletín Oficial de Castilla y León (Bocyl). Los trabajos tendrán un plazo de ejecución de un año.
Menéndez Pidal, arquitecto conservador de Monumentos de la Primera Zona entre 1941 y 1975 (que incluía siete provincias del Noroeste), pretendía devolver a su aspecto original la cámara de Doña Sancha, un espacio abovedado de catorce metros de largo por 7,50 de ancho, que a lo largo de la historia ha sido desde tribuna de reyes a oratorio, celda, escritorio de monjes, sala capitular y actualmente Sala del Tesoro, donde durante décadas se guardó el cáliz de Doña Urraca, hasta su reciente traslado a una sala acorazada. El arquitecto asturiano —que sería enterrado en San Isidoro— encargó a su amigo, el experto catalán Antonio Llopart, que ‘despegara’ los frescos renacentistas. Sólo dos se salvaron: la crucifixión y la conversión de San Agustín.
Detalle de una de las pinturas que ha quedado. DL
Las pinturas, la mayoría escenas de la vida de San Isidoro, se extrajeron de la pared, se preservaron en cuatro rollos envueltos en papel de periódico y fueron ‘olvidados’ en la capilla de la Magdalena. Llopart declaraba entonces a Diario de León que los frescos se retiraban porque «el enlucido sobre el que están pintados se está desprendiendo, porque el aposento ganará en valor arqueológico y porque bajo estas pinturas hay otras más antiguas de mayor interés».
Efectivamente, bajo los frescos del siglo XVI había vestigios de una decoración medieval vinculada a las pinturas del Panteón Real.
Llopart llevó en secreto toda la operación. El fallecido abad Antonio Viñayo fue testigo de cómo arrancaba los murales impregnando pequeños paños en cola y pegándolos a los frescos.
Hace cinco años la restauradora Natalia Martínez del Pisón, la historiadora Carmen Rebollo Gutiérrez y el doctor en Químicas Enrique Parra Crego desenrollaban las pinturas para su análisis. Los tres expertos examinaron también otros frescos de San Isidoro, como las pinturas del siglo XIII de La capilla de los Quiñones, uno de los espacios más singulares de la colegiata. Pinturas de un gótico temprano, de las que apenas se conservan 40 metros cuadrados, aunque originariamente toda la sala estuvo decorada. Parte de las pinturas se destruyeron en el siglo XVI con motivo de la reforma de la sala, que fue transformada en capilla funeraria. Las de la capilla de los Omaña están prácticamente arruinadas. Los frescos del Panteón Real son la gran obra pendiente de San Isidoro, que aguarda desde hace una década los dos millones de euros que la desaparecida Caja Madrid prometió destinar a su restauración.


La Capilla antes y después de arrancar los frescos. DL.
