LUCRECIA ZAPPI. ESCRITORA
«Los orígenes, o te los fabricas o los buscas»

La autora argentina criada en Brasil Lucrecia Zappi, que esta tarde presenta en León su novela ‘Jaguar negro’. REVISTA TRIP
Lugar: Sala Región (Santa Nonia, 3).
Hora: 20.00.
e. gancedo | león
Un silencio caído como una lápida de mármol sobre la figura del padre y una joven que inicia un viaje iniciático en su busca hasta alcanzar una tierra cuasimítica con el subsuelo forrado de diamantes. La cosmopolita autora Lucrecia Zappi, nacida en Buenos Aires pero criada en Brasil y actualmente residente en Nueva York, presenta hoy en León Jaguar negro, novela alabada por, entre otros, el premio Cervantes Jorge Edwards. Le acompañarán Phil Camino, editora, y Antonio Manilla, poeta y columnista del Diario.
—No sabemos de ninguna otra especie animal que ponga tanto empeño en buscar y hallar sus raíces. ¿Por qué lo hacemos, qué ganamos sabiendo quién fue nuestro padre o de qué aldea perdida salieron un día nuestros ancestros?
—La creación de un relato, eso es lo que nos distingue de los animales. Y los orígenes de uno, o te los fabricas o sales en su búsqueda. Beatriz, la protagonista de la novela, opta por buscar a su padre porque en la casa donde vive hay un estado permanente de silencio sobre su pasado. Y cuando marcha a Bahía encuentra otro tipo de silencio: la familia con quien se hospeda se comunica de una forma desconocida para ella, con pocas palabras y gestos. Además, Beatriz se encuentra sola en este paisaje vaciado, abandonado. Su periplo es una búsqueda física y espiritual. Al mismo tiempo que observa el mundo de manera sensitiva y detallista, Beatriz obliga al lector a aproximar su mirada a las cosas, como si pudiera ralentizar el tiempo. Además, el propio ejercicio de la escritura es una aproximación entre el personaje y el autor. Por mi parte, quería buscar mis orígenes a través de la palabra. El portugués, ¿qué es, cómo suena? Busco en mi novela fraseos y silencios que quizás comuniquen más allá del significado inmediato de lo coloquial.
—Cuando en este periódico se instaló por primera vez Internet, recibimos aluviones de e-mails, sobre todo de latinoamericanos que pedían información sobre sus apellidos de origen leonés. ¿Qué le sugiere?
—Creo que las redes han abierto un abismo al que nos hemos tirado todos. Es una gran fisura donde tienes la ilusión de que todo lo vas a encontrar ahí...
—¿De dónde surge la primera ‘chispa’ que acabó dando origen a ‘Jaguar negro’? ¿Por qué darle vida, y no archivar la historia, como tantas otras, en un altillo de la memoria?
—Al hilo de la pregunta anterior, Chapada Diamantina es un sitio no sólo de abismos en el paisaje sino que además tiene un subterráneo forrado de diamantes, explotados a finales del siglo XIX, lo que me pareció pura ficción cuando estuve allí. Caminar mirando hacia los pies, me intriga esta imagen.
—¿Qué es lo más significativo o sorprendente que le ha dicho un lector respecto a ella?
—Cuando la presenté en Barcelona, en septiembre del año pasado, una mujer se acercó para que le firmara el libro y me dijo: «A mí también me pasó lo mismo, se me ha muerto un hijo de 13 años». Me quedé perpleja, sin saber qué contestar. No me ha pasado algo así, además, en la novela no se sabe muy bien quién lo mató. A veces me acuerdo de esta lectora, y me quita el sueño imaginar que mi historia le hizo recordar a su hijo. Y el dolor. Y el recuerdo.
—¿Qué cambió, en su vida y en su forma de entender la escritura, tras su aprendizaje en Nueva York con E. L. Doctorow?
—E. L. Doctorow decía algo hermoso. «Crecí en el Bronx, lo pasé increíble: nadie tenía ni un centavo, y eso nos daba una sensación de comunidad muy fuerte». Esas palabras sintetizan su obra. Su interés apasionado por el storytelling, prestarse a escuchar y reconstruir una vez más historias tantas veces repetidas, y explotar de manera incansable a la sociedad americana, eso ha sido y sigue siendo una gran lección. Doctorow se reía de sí mismo y me forzaba a hacerlo. Buenísima gente.
—¿A qué autores españoles sigue o aprecia especialmente?
—Entre los clásicos, se me ocurre Mercé Rodoreda, especialmente por su novela La plaza del diamante. La tragedia de un tiempo tan difícil está toda concentrada en la sencillez de narrar. De las nuevas voces me fascinó Jesús Carrasco, con su novela de estreno, Intemperie. Posee un vocabulario que es tremendamente bello y variado que no conocía, la historia entrañada en la tierra profunda y la violencia inminente, todo eso me interesa y de cierta forma lo exploro en el Jaguar. Son temas que me asombran y siguen obsesionándome. En mi próxima novela, Acre, vuelvo a pensarlo todo. Pero lo coloco en un contexto urbano.
—¿ A qué quiere ser fiel en este oficio de la literatura?
—A una voz sincera.