Los poemas que Barja no convirtió en libro
Eolas publica versos inéditos del gran compositor Sólo habían visto la luz en el suplemento ‘Filandón’ de este periódico.

El compositor, director y organista, visto por Alejandro Vargas. DL
e. gancedo | león
«La meseta se mueve en un tiempo intermedio;/ sobre sus lejanías se ha parado la historia./ En la arcilla reseca suenan siglos antiguos;/ una legión romana la cubrió de caballos». Este es uno de los poemas que conviven entre las cubiertas de Salmos de la meseta , el libro que el sello leonés Eolas Ediciones acaba de poner en circulación con versos prácticamente desconocidos de Ángel Barja, el recordado compositor y musicólogo orensano ‘transplantado’ a León.
Unos Salmos que rezuman amor por los paisajes leoneseses —la tierra llana pero también los valles intermedios y la montaña, rincones no englobados bajo el término ‘meseta’, también Maragatos y el Bierzo— y que serán presentados próximamente en público, según informó Héctor Escobar, responsable de la editorial Eolas. La ribera del Esla, Valporquero, Cármenes, los Picos de Europa, el Teleno, Val de San Lorenzo, Castrillo de los Polvazares, Compludo... son topónimos que van desfilando por estas estrofas junto a choperas, prados con bardas, campos de cereal, caminos milenarios y el peso de la historia y el de la supervivencia. «No hay amor suficiente para cantar la tierra», puede leerse en uno de ellos.
Los poemas sólo vieron la luz en el veterano suplemento literario de este periódico, Filandón , en 1986 y gracias a la insistencia de su coordinador de entonces, Alfonso García. En estos versos, «el Ángel Barja músico se complementa con el poeta, si es que puede disociarse», escribe en el prólogo de la obra. «Pasados tantos años, hoy siento, sinceramente, la serenidad que da el haber cumplido un compromiso. El compromiso de la amistad siempre ha de vencer al tiempo. Como la poesía», prosigue el escritor, profesor jubilado y también columnista del Diario, que trenzó una larga y fecunda relación de amistad con el compositor, director de coros y organista fallecido en 1987, pronta y repentina desaparición que truncó el proyecto de haber publicado, ya entonces, este volumen. Entre otros proyectos y por ejemplo, sus firmas aparecían juntas en el delicioso Música y poesía para niños (Everest, 1991)
Salmos de la meseta contiene visiones tan certeras sobre la tierra leonesa como «Entre chopos, el agua va buscando consuelo;/ por León llora el agua su estirpe de montaña/. Entre ríos, la tierra leonesa solloza; su llanto vespertino se pierde en las acequias./ Los valles de León se cubren de nostalgia;/ sobre todas las flores se vislumbra un pantano».