Un leonés a la conquista del Sundance español
Jorge Suárez-Quiñones compite en Filmadrid con ‘Amijima’.
El arquitecto y cineasta leonés Jorge Suárez-Quiñones Rivas. PABLO USEROS
verónica viñas | león
Jorge Suárez-Quiñones estudia en Shanghái y ha entrado por la puerta grande en Filmadrid, el Sundance español, que se celebra del 2 al 11 de junio. En esta edición se proyectarán más de 60 películas, desde la historia del Louvre bajo la ocupación nazi a Amijima , del cineasta leonés, que compite en la sección oficial. Cursó Arquitectura en Madrid y pasó un año en Tokio. Actualmente está en Shanghái con una beca de la Universidad Politécnica de Madrid y el Banco Santander cursando asignaturas de la carrera, aunque su sueño es dedicarse al cine. En su página www.jorgesqr.com tiene colgados trabajos como La cara colorada , un documental sobre el papel de la manola en la Semana Santa de León, o Rostro(s)-Face(s), a partir de una correspondencia fílmica con el director de cine argentino Gustavo Fontán.
—¿De qué va ‘Amijima’?
— Me resulta difícil responder. Cuando me pidieron una sinopsis para Filmadrid escribí: «Llegan a Amijima. Será el lugar de su muerte».
—¿La película tiene alguna relación con ‘Los amantes suicidas de Amijima’?
—El primer germen de la película nació a partir del entendimiento del texto de la obra de teatro de marionetas Los amantes suicidas de Amijima como un recurso esencial para enfrentarnos (el actor y yo) a una experiencia fílmica e íntima con el paisaje y la naturaleza.
—¿Es su primer filme?
—Considero que, por duración, sería mi segunda película larga, después de muchos filmes cortos. Sí es mi primera película a concurso en un festival.
—Filmadrid es una especie de Sundance o a eso aspira, así que entrar en la sección oficial es todo un éxito. ¿Cómo ha sido la selección?
—Lo que sé es que al programador del festival, Javier H. Estrada, le conmovió la película. A partir de ahí no sé exactamente cómo fue el proceso, pues es algo interno del festival.
—Con lo difícil que es hacer cine para los consagrados, ¿cómo ha conseguido financiación?
—La película se ha hecho sin financiación. El material técnico de rodaje se reduce a mi cámara DSLR, una lente fija Yashica de segunda mano y una grabadora zoom. El montaje lo realicé yo mismo en mi ordenador, y la postproducción de sonido tuvo lugar en el estudio de León de Adrián ‘Tucker’ Jiménez. Adrián y yo no nos conocíamos, pero nos pusieron en contacto y la colaboración fue fructífera.
—¿Tiene más proyectos de cine?
—Entre diciembre y febrero he grabado en León y en Seúl mi tercera película, que posiblemente se llamará Gimcheoul . De momento estoy dejando reposar los brutos antes de ponerme a montar. Y tengo abierta una serie de diarios fílmicos que es una constante desde hace un año. Son pequeñas piezas que me sirven para reflexionar entre rodajes, escritura de guiones y procesos de montaje.
—¿También sin presupuesto?
—Sí, con actores no profesionales y mi propio material.
—¿Confía en que Filmadrid cambie su manera ‘casera’ de hacer cine o es lo que le gusta?
—Hacer películas así es lo que me gusta y lo que necesito. Amijima no podría ser como es si hubiera habido un equipo más grande. Durante el rodaje en Seúl eché en falta muy pocas cosas, pero sí algunas esenciales: un director de fotografía y otro de sonido directo. En León me ayudaron mis compañeros cineastas Carlos Rivero y Pablo Teijón.
—¿Le gustaría proyectar en León ‘Amijima’?
—Me gustaría proyectarla en cualquier lugar donde la película vaya a ser bien tratada y junto a una programación con la que pueda dialogar, como es el caso de Filmadrid.
—¿Conoce a alguno de sus competidores?
—Sí, de hecho algunos son directores a los que admiro profundamente, cuyas películas amo, como Lav Díaz. El año pasado vi una gran parte de sus películas en Filmadrid y fue toda una revelación. Y este año estar compitiendo con él me pone los pelos de punta.
—¿Es cierto que su primera película fue sobre su abuelo, el doctor Rivas?
—La película que hice sobre mi abuelo fue algo íntimo, para la familia, que por la relevancia de mi abuelo en León se hizo público y llegó a más gente, lo cual me pareció fantástico. No la considero mi primera película, pero sí una película muy especial.
—¿Dejaría la arquitectura por el cine?
—Sigo estudiando arquitectura con el objetivo de cerrar un ciclo. He aprendido muchas cosas y adquirido unas destrezas que de otra manera no habría conseguido. Además, he conocido a gente maravillos y me ha permitido tener experiencias increíbles en Venecia, Tokio y ahora en Shanghái. Sé que nunca voy a ejercer de arquitecto, aunque usaré lo que he aprendido para ser mejor cineasta y artista.