LA ENTREVISTA
«Nuestros políticos ni pactan, ni son caballeros»
JOSÉ MARÍA PÉREZ ‘PERIDIS’ / ESCRITOR Y AUTOR DE ‘LA MALDICIÓN DE LA REINA LEONOR’

El escritor y arquitecto presentará su nueva novela este jueves en el Musac. DL
PABLO RIOJA | LEÓN
Arquitecto de profesión, Peridis confiesa haberse cortado la coleta convencido de que la escritura y sus tiras cómicas en El País son ya su mejor ‘construcción’ posible. Este jueves estará en León para presentar La maldición de la Reina Leonor, su nueva novela. Será a las 20.15 horas en el Musac y estará acompañado por Pedro Trapiello.
—¿Qué papel juega León en toda esta historia?
—El Reino de León tiene mucho papel. Artísticamente San Isidoro es muy importante y en la novela ocurren episodios allí. Hay matrimonios entre familias y tensiones con las herencias.
—¿Y por qué Leonor?
—Hablamos de una gran monarca española que tuvo mucha influencia en León porque fue la que preparó la boda de Berenguela de Castilla con el rey Alfonso IX. Reinó 45 años de consorte, hizo Las Huelgas, impulsó la catedral de Cuenca e hizo la primera universidad en Palencia. Trajo a León la corte de los trovadores.
—Dicen que la acogida de Alfonso y Leonor en la ciudad fue fría.
—No es que fuera fría. Fernando II de León estaba mayor y enfermo y pasan su sobrino Alfonso con Leonor, que iban camino de Santiago. Fernando le mienta a su amante judía y a Leonor le sentó fatal. Fernando no llega a inaugurar el pórtico de la gloria, lo hizo su hijo Alfonso. Ese conflicto entre Castilla y León por la herencia de Alfonso envenenó las relaciones por el dominio de Tierra de Campos.
—De hecho hay rencillas de aquel episodio de la historia que aún perduran hoy.
—Una de las cosas que me inspiró a escribir este libro fue mostrar las supervivencias de los conflictos de hace 800 años. Igual que ocurre las Cruzadas al sur de España. El Islam, como el Cristianismo, era una religión extensiva. Por oriente Saladino consigue ganar la cruzada y ya queda a tiro Constantinopla. Y por occidente los Almohades llegaban de Libia a Jaén. Querían tomar Toledo y luego el resto de reinos españoles uno a uno. Será en Las Navas de Tolosa donde Alfonso VIII y posteriormente Fernando III inviertan la tendencia de la reconquista por el sur.
—¿Por qué se tiene tan idealizada la Edad Media?
—Es nuestra infancia. El amor al románico ha contribuido mucho. Las series de televisión, las peregrinaciones a Santiago, las gestas de caballeros como Suero de Quiñones. Había pactos de caballeros y también el papel de la mujer era muy relevante.
—Habla de pactos entre caballeros, un término de moda en la política española actual.
—Pactos nada y caballeros poco. La verdad es que no están a la altura de las circunstancias. Con los escaños que les damos los españoles el cesto se rompe por todos los lados. El que renuncia a lo suyo perece, como le ocurre al PSOE, que en estas elecciones está yendo a vida o muerte porque está casi muerto. Nadie se baja del caballo, están todos con la armadura puesta.
—Últimamente, en su tira cómica, dibuja casi a diario a los principales dirigentes de Podemos subidos en un coche que parece ir a toda velocidad a por el resto. ¿Hasta dónde cree que llegará?
—Yo creo que hasta el final, porque tiene gasolina propia y además se la están robando a los otros.
—¿Se romperá España si alcanzan el Gobierno?
—No, pero nos llevaremos un buen susto. Esto no es Venezuela. En Europa el agua no suele llegar al río. España tiene unas instituciones muy sólidas, pero el dinero es muy miedoso.
—A Rajoy en cambio lo dibuja siempre ‘tirado a la bartola’...
—Porque está esperando acontecimientos. Resuelve los asuntos porque ellos se resuelven solos.
—Por cierto, a dónde fue a parar su proyecto para restaurar El Teatro Emperador de León?
—Cuando llegaron los del PP en 2011 rescindieron el contrato alegando que no había dinero. Nosotros seguimos el proyecto básico y todavía no nos han pagado. Hemos iniciado una reclamación. Es una pena porque la idea que planteamos era muy sobria y respetaba hasta las butacas. A mí me encantaba.
—Para la ciudad fue un síntoma más de esa decadencia cultural imperante en las instituciones.
—Nuestro proyecto era muy respetuoso, no queríamos hacer un teatro nuevo, sólo mejorar la acústica, la seguridad, quitar algunas butacas del gallinero y hacer una sala con accesos de escenografía muy directos. Respetábamos la decoración tan cargada, las cortinas, las lámparas. Todo.
—¿Y no hay forma de retomarlo?
—Está completamente muerto. El proyecto valdría, pero yo ya no ejerzo la arquitectura, no creo que me volviera a poner una coleta que ya me he cortado. La arquitectura es hoy otra cosa, está muy tecnificada, hay muchos jóvenes que tratan de abrirse un camino, yo ya tengo una edad, me he operado el corazón, a mi aparejador le dio un infarto, repartimos el archivo, vendimos el plóter. Así que empezar otra vez una carrera en la que hay tanta competencia y necesidad me produce un cansancio horrible. Ahora estoy feliz con la escritura.
—Resulta curioso que vaya a presentar su libro en el Musac.
—Iba a ser en San Marcos, pero estaba ocupado. Ya me habría gustado haberlo hecho en El Emperador.
—La Iglesia juega un papel importante en su nueva novela, ¿qué queda hoy de aquel poder?
—Me hace gracia la serie Juego de Tronos, donde no aparece la religión pon ninguna parte. Y lo digo porque la Iglesia en la Edad Media tenía un papel primordial, pues daba el seguro de vida eterna. Los papas ordenaban a la sociedad y a los monarcas, que necesitaban de su permiso para casarse. Los monasterios cistercienses se construían en lugares de conflicto como si fueran una especie de Casos Azules. Por ejemplo Portugal se separa de León cuando el papa lo autoriza y permite que Alfonso se quede con el condado luso. También aquel poder contribuyó a la arquitectura de la época, que repobló toda España. Llegan las catedrales, monasterios, hospitales de peregrinos como San Marcos. Se hizo la primera infraestructura seria de España.
—¿Considera que aquella arquitectura era mejor que la actual?
—La religiosa era mejor, no hay nada comparable a catedrales como las de León en ninguna arquitectura del mundo, ni siquiera los rascacielos. La doméstica, por el contrario, era pobre.
