Diario de León

Guzpeña da la vuelta a los mayos y a los ramos

Presenta en el Museo sus recreaciones de estos dos elementos del folclore leonés.

Enrique Rodríguez, Guzpeña, junto a varias de sus inconfundibles creaciones. CUEVAS

Enrique Rodríguez, Guzpeña, junto a varias de sus inconfundibles creaciones. CUEVAS

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marcelino cuevas | león

Se llama Enrique Rodríguez, Guzpeña, y su pintura es leonesa por los cuatro costados. En sus obras se aprecia la delicada perfección del delineante, las líneas más puras se convierten en milagrosos jeroglíficos, los colores aportan su belleza con discretos cromatismos y apenas algunas sombras intentan escaparse de la planicie del lienzo. En la exposición Mayos y ramos , que puede disfrutarse en las salas del Museo de León, este peculiar artista brinda al espectador la posibilidad de conocer otra versión de estos típicos elementos del folclore leonés.

En la pintura de Guzpeña todo funciona como grandes máquinas de sueños en las que los engranajes actúan con suma precisión. Sin duda así deben de ser los elementos de las fábricas de pesadillas y de sueños maravillosos. Seguramente que cuando el encargado de la galería apague las luces y accione las cerraduras, cuando la exposición entre en la pausa del descanso nocturno, comenzará a escucharse en la oscuridad un rumor continuado, se pondrán misteriosamente en marcha esos ingenios destinados a crear ilusiones, esperanzas, emociones… en definitiva, a inventar el contenido de los sueños.

«Los mayos y ramos que se muestran aquí —explica Guzpeña— no son una distorsión de la forma real de los ramos leoneses. Son la creación de nuevas formas que, por su naturaleza ambigua, entrañan un contenido intelectual abstracto. Estos mayos y ramos quieren acceder a los misterios del mundo, su interés radica en alcanzar lo sublime, en ir más allá del mundo visible. Toman como punto de partida una realidad que puede ser reconstruida; después, regeneran esa verdad objetiva con la voluntad de ofrecer un objeto insólito, que puede tener una presencia ambigua y ser sometida a múltiples interpretaciones. Esta ambigüedad se mueve entre la realidad y la ilusión creando una desemejanza que posee una vida diferente, un temperamento y una función. Eso sí, comparten con sus inspiradores el gusto por lo geométrico y su marcado carácter teatral».

Enrique Rodríguez, Guzpeña, ha conseguido dar forma a un lenguaje plástico coherente y eficaz. Desde 1996, cuando realiza su primera exposición individual, inicia una intensa actividad expositiva por salas y galerías de España, Francia, Inglaterra y Bélgica teniendo en su haber más de cuarenta muestras individuales y alrededor de trescientas colectivas.

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