Diario de León

MARKY RAMONE, MÚSICO. HOY EN LEÓN

«Tengo que entrar en la Catedral sí o sí»

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León

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Lugar: Espacio Vías.

Hora: 21.30 (apertura de puertas).

Entradas: 15 euros anticipada (en Elektra Cómics y Ticketea), 20 en taquilla.

PACHO RODRÍGUEZ | LEÓN

Los chicos de barrio conquistaron el centro de Nueva York. Ramones. Llegaron repartiendo hits a diestro y siniestro. Rocanrol fulminante que tocaba en círculo todos los palos (del punk al punk pasando por el resto cuando querían; lo que les daba la gana), en años en los que la escena neoyorquina tenía su núcleo duro en el CBGB, local emblemático por el que pasaron nombres que luego se hicieron inmortales. Marky Ramone, hoy en León, lo recuerda sin nostalgia, y sí como un movimiento cultural espectacular. Repartían Baby, I love you con Blitzkrieg Bop sin solución de continuidad. Con la seguridad de que la inspiración estaba de su parte. Ramones, el primer disco del grupo, cumple 40 años. Y se puede decir que la horterada general no ha matado a las estrellas del punk. Si, como dice, se pasa por la Catedral, ahí tienen la foto del año.

—De grupos de después, ¿cuáles serían los herederos directos del ‘sonido Ramones’? ¿Los ha habido o los hay?

 —No sabría decirte. Hay una buena generación de bandas. En su momento, Nirvana, Pearl Jam, Green Day… Son grandes grupos, pero nunca los verías como si fueran nuestros herederos. Con modestia, pero es como preguntarse quiénes son herederos de The Beatles, The Rolling Stones, The Beach Boys… Son bandas únicas, y a Ramones podríamos incluirlos en este grupo.

—Protagonizaron unos años dorados en la historia del rock mundial, se convirtieron en iconos absolutos. Visto ahora, con la perspectiva que da el tiempo, ¿qué recuerda de aquello?

—Fueron tiempos muy energéticos, muy excitantes, todo muy creativo. Todo sucedía muy rápido. Estábamos nosotros, The Heartbreakers, Blondie, Talking Heads… Un montón de grupos que queríamos mostrar al mundo lo que estaba pasando a nuestro alrededor. Todo sucedía allí en el CBGB, en el Max Kansas… La situación en Nueva York como ciudad era deprimente desde el punto de vista económico, pero el movimiento cultural fue espectacular.

  —¿Eran tan brillantes los artistas, pintores, productores, periodistas... que rodeaban la escena neoyorquina de los setenta y ochenta?

 —Sí, claro. Andy Warhol, gente así. Era todo verdaderamente especial.

  —¿Los Ramones se lo pasaban tan bien tocando como su público?

 —¡Claro que sí! Muchos nos quieren vender como una banda oscura de tipos serios... Y no era así. Por eso saqué el documental RAW. Quería mostrar la cara divertida de la banda. Dee Dee y yo lo disfrutábamos mucho. Que Joey y Johnny no se hablaran no quiere decir que no lo pasáramos bien.

—El éxito, las giras, el negocio... ¿Qué efecto tuvo todo eso en la vida del grupo?

—Ninguno, seguimos siempre siendo los tipos normales del barrio, te lo aseguro. Por ejemplo, nunca tiramos el dinero en estupideces como hoteles de gran lujo o grandes autobuses de gira. Se trata de tocar.

TAMBIÉN FIRMARÁ DISCOS

—Como Marky Ramone, allá por donde va, despierta una expectación total. ¿Cómo se lo pasa ahora tocando?

—Me lo paso estupendo. Si no, te aseguro que no lo haría. Y así seguiré hasta que el cuerpo me diga basta. Las canciones son demasiado buenas como para no ser tocadas. Además, quiero invitar a los fans que tengan mi libro o alguno de mis discos a que vengan antes del concierto y se los firmaré encantado. Gracias a ellos es por lo que estamos donde estamos.

—Llega a León, una ciudad del Norte de España. ¿Tiene alguna referencia? ¿Le interesa, o tiene tiempo para conocer algo de las ciudades españolas por las que pasa?

—Sinceramente, no tenía ni idea cuando me comunicaron el concierto. Busqué por Internet y por lo que leí, sé que tengo que visitar la Catedral sí o sí. También vi que es la ciudad del ex presidente español. También me interesa la gastronomía. Volviendo del Azkena Festival paramos a comer en la ciudad de Burgos y probé el rabo de toro por primera vez. Me encantó.

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