La gran familia... acordeonista
El verano babiano está siendo de lo más melódico con el encuentro en el que se presentó el Himno a Babia, el libro que reúne los sones locales y la Xuntanza de Acordeonistas, instrumento rey de la comarca.

Manuel Álvarez (68 años), Hugo (40) y Sergio (10), tres generaciones de acordeonistas babianos en Truébano, descendientes del mítico Pergentino. RAMIRO
e. gancedo | truébano
Muestran un vídeo, grabado con el móvil, que lo dice todo: Honorio, de Rabanal de Luna, un paisano de 92 años a quien la edad y las durezas de la vida mantienen casi inmóvil en la silla, pide que lo levanten al escuchar los primeros compases del chano y echa a revolar pies y manos, y en la mirada se le aviva una luz pícara. «¿Ves? Aquí tienes el poder de esta música, cómo anima a la gente. El hombre apenas puede moverse pero baila unos sones que le traerán mil recuerdos de fiesta, de familia, de amores...». Son palabras oídas y anotadas en casa de una familia absolutamente representativa del alma musical babiana: apellidan Álvarez y descienden del mítico Pergentino, del pueblo de Truébano. La línea de varones son todos acordeonistas, como lo fue el bisabuelo: Manuel (68), Hugo (40) y Sergio (10), aunque la historia y relación de cada uno de ellos con el instrumento rey de Babia es diferente y aun opuesta. Además, la mujer de Hugo, Teresa Prieto, y su suegra, Ángela Alonso, bailan en el grupo Peña Ubiña, de apenas dos años de vida pero enormemente activo, muy recopilador de romances, tonadas, bailes y toques —algunos inéditos—, e impulsor de un primer Encuentro Folclórico que mañana en San Emiliano, entre otros actos, dará a conocer un novedoso Himno a Babia cuya letra la compuso Teo González y la música, el propio Hugo.
El libro incluye fotos históricas como ésta de Piedrafita. CLUB XEITU
Es uno de los numerosos eventos relacionados con el ritmo y la melodía que se celebran este verano en la comarca, sumado a las presentaciones del libro Estar en Babia. Cultura, costumbres y folclore, de César Fernández, editado por el Club Xeitu, y al segundo ‘alcuentru’ o ‘xuntanza’ de acordeonistas leoneses que tendrá lugar en Riolago el próximo jueves 25 tras el enorme éxito registrado en la primera edición, la de Vega de Viejos.
Certamen que enfatiza el protagonismo total que el acordeón (en Babia el instrumento es femenino, la acordeón) ha venido tenido en este valle y en los inmediatos, con figuras ya aupadas a la categoría de mito y varios entusiastas seguidores de la tradición. Ahí está Sergio, quien a sus diez añines es el último eslabón de una célebre cadena de acordeonistas babianos... y también el primero que sabe leer una partitura. Patriarca de los Álvarez fue Pergentino, fallecido hace trece años, acordeonista de los duros, de los pioneros, de los que iban a tocar en bicicleta hasta Omaña incluso, horas y horas de viaje y recital. «Cuando bajaba los puertos ataba un piorno a la bicicleta para que le frenara y no se embalara», cuenta su hijo Manuel, quien empezó a acompañarle con apenas seis años y quien cuenta que lo de Pergentino es un misterio total. «Muchos creen que era su nombre pero en realidad se llamaba Manuel, no tenemos ni idea de por qué le empezaron a llamar así pero era como le conocía todo el mundo... cosa que le trajo problemas hasta en la mili», narra, y recuerda cómo mientras su padre tocaba el acordeón en las mil fiestas a las que acudían, él le daba a la batería, su otra gran pasión: «Como era tan niño, me tapaba el bombo y sólo se veían dos palillos moverse solos», dice. Al igual que su padre, fue autodidacta total. Pergentino «pedía partituras a Madrid y Barcelona, y llegó a dar clases él mismo»; además, a su hijo le enseñaba a tocar la batería... sin saber tocarla; «él conocía los toques, el del fox, el del cha-cha-chá, etc., me los explicaba y yo los seguía a mi manera».
Imagen de Magín Prieto, acordeonista de Vega de Viejos. C. X.
Manuel se marchó después a trabajar a Madrid olvidando o más bien dejando en la nevera aquella infancia musical. «Cuando volví a León recuperé la afición por el acordeón», explica, y ahora toca en el grupo, y en calechos y filandones, y el panderu cuadráu también, con no poco garbo... Un caso distinto —completamente— al de su hijo Hugo. «Estaba aburrido de ver música en casa, y la verdad es que nunca miré para el acordeón... hasta hace unos tres años. Me interesé entonces por el diatónico, me regalaron un curso, alquilé un instrumento... y en pocos meses ya estaba dando conciertos, quienes conocen la dificultad del acordeón diatónico se darán cuenta de que cogerlo tan rápido es algo impensable... pero así fue», expone, y su ejemplo —buen oído o buenos genes de por medio, claro— le da pie a Hugo para declarar que la música «no tiene edad» y que nunca es tarde «para probar con un instrumento». El matrimonio también se fue en su día a trabajar y vivir en Madrid y ahora, de regreso a la tierrina, anda toda la familia volcada en la recuperación y dignificación de la cultura tradicional babiana.
Luz y Matilde Quirós, grandes tocadoras de pandereta, 1967. C. X.
Su hijo Sergio empezó con tres años a darle fuelle a un acordeón de juguete, «bien pequeño era y se quedaba absorto mirando tocar a Arty, ‘el ruso de la calle Ancha’», refiere Teresa, su madre. El más pequeño de los Álvarez es el único que sabe solfeo y, de hecho, ejecuta la partitura con una seriedad y una pulcritud asombrosa. Está en segundo curso de acordeón en el Conservatorio del Colegio Peñacorada, en la clase del maestro —en toda la extensión de la palabra— Borja Rodríguez Tablado, y toca igualmente piezas clásicas y populares, como el célebre y muy rítmico Chano de Pergentino en homenaje a su bisabuelo. En su horizonte, seguir tocando el acordeón, quizá hasta en un grupo, pero dedicándose profesionalmente a otra cosa... y sin olvidar, claro está, su otra pasión —todo es compatible—, el balón. Por su juventud y afición, Sergio fue la sensación de la anterior Xuntanza de Acordeonistas y también estará presente en la de este jueves, y en el evento de mañana en San Emiliano, que incluirá un homenaje a los mayores del municipio. Se iniciará a las 18.00 horas con un desfile de los grupos participantes —el anfitrión, Peña Ubiña, el berciano Grupo de Danzas y Gaitas El Castro, de Columbrianos, y el cabreirés Aires del Cabrera, de Pombriego— desde el Salón del Pueblo; y proseguirá en el polideportivo con las actuaciones de los conjuntos y la intepretación del Himno a Babia. Ese que dice: «Cuando León era un reino/ sus reyes aquí viajaban/ y tenían una ley: que nadie los molestara».


