Una obra de gran tamaño «y excepcionalmente lujosa»
Entre las diversas peculiaridades de esta joya bibliográfica, elige su autora que se trata, por ejemplo, «de una obra excepcionalmente lujosa, con una densidad de ilustraciones extraordinaria, un tamaño muy importante —con una altura de más de 50 centímetros—, pergamino de alta calidad importado de Francia —para lo cual un canónigo de San Isidoro viajó hasta el país vecino por tierra y por mar, según se menciona en la propia biblia—, y realizada por talleres de miniaturistas itinerantes, buenos conocedores de las tendencias en la iluminación libraria en boga entonces en otros países». «Por lo tanto —destaca—, debería ser considerada como una obra de arte de primer orden dentro del románico hispano, una categoría que he tratado de reivindicar en mi tesis». «Además, el hecho de que la Biblia isidoriana fuese producida copiando directamente otro manuscrito maravilloso del siglo X la hace especialmente importante, ya que actualmente no se conservan muchos modelos y sus copias directas datados en la Edad Media —añade—. Ello me ha permitido abrir una pequeña ventana en el taller de escritura de San Isidoro y visualizar la labor de los artistas que la ilustraron con mayor detalle, pudiendo localizar algunas de las influencias externas que impactaron en su trabajo y estableciendo la presencia de, al menos, cuatro de ellos en este manuscrito».
Natural de Vigo, Ana Hernández Ferreirós cursó su licenciatura de Historia del Arte en la Universidad de Santiago de Compostela, recibiendo entonces el primer premio nacional a la excelencia en el rendimiento académico universitario.