La Biblia que llegó «por tierra y mar»

Ana Hernández Ferreirós lleva cinco años empeñada en descifrar los secretos de una de las joyas bibliográficas más destacadas de León, la Biblia Románica de 1162. Entre sus hallazgos, cómo un canónigo de San Isidoro se arriesgó a viajar a Francia... para conseguir el papel..

Hernández, con un folio de la Biblia de 1162 que se encuentra en el Museo Arqueológico Nacional de Madrid. A la derecha, diversas miniaturas del códice. DL/ ARCHIVO

Publicado por
León

Creado:

Actualizado:

e. gancedo | león

Siempre que se habla en León de monumentos y huellas históricas, del patrimonio legado por los antepasados, viaja la mente casi sin querer hasta catedrales, templos y murallas, grandes edificios —o restos de ellos— que están más o menos a la vista de todos. Pero hay otro tipo de patrimonio —espléndido en tierras leonesas— que es el bibliográfico y documental, los volúmenes y códices que han sobrevivido a los acechos del tiempo y han logrado llegar a nuestros días. Sin ir más lejos, se dice que la documentación del Reino de León es mayor y más variada que la de cualquier otro territorio hispánico, y sus beatos, biblias y miniaturas, de una importancia singular.

Diversas miniaturas del códice. DL / ARCHIVO

Es el caso de la Biblia Románica que se conserva en la Real Colegiata de San Isidoro, objeto de una exhaustiva investigación —junto a la riojana de San Millán de la Cogolla, del año 1200 aproximadamente— iniciada hace cinco años por la viguesa Ana Hernández Ferreirós y que ha desembocado en una tesis doctoral presentada recientemente en la Universidad Complutense de Madrid por la que ha recibido la máxima calificación. «La cultura medieval siempre me ha fascinado y, a lo largo de mis estudios de Historia del Arte, siempre me sentí especialmente atraída por el arte románico —cuenta Hernández Ferreirós—. Particularmente, mi interés se ha centrado en los manuscritos porque siempre me han parecido mucho mas cercanos a su público que la escultura y la arquitectura. Los códices se podían hojear y manipular con cierta frecuencia (tanto por los escribas y miniaturistas que los producían como por sus lectores), transmitiendo así su contenido con especial inmediatez».

La relación modelo-copia

En cuanto a la Biblia de 1162, esta historiadora la eligió como uno de sus objetos de análisis «porque siempre me han apasionado las complejidades de las relaciones modelo-copia en el arte medieval, y este manuscrito es una reproducción directa de otro célebre códice custodiado en la colegiata isidoriana, la Biblia del año 960 que, como ya constató la codicóloga y paleógrafa leonesa Ana Suárez, fue desencuadernada para poder repartir los fascículos entre los copistas que la reprodujeron entre 1161 y 1162», detalla.

Fue su director de tesis, José Luis Senra, quien le propuso trabajar sobre este manuscrito, que además pudo conocer a través de investigadores del entorno científico de San Isidoro como el recientemente fallecido John Williams —a quien ha dedicado su tesis doctoral—, y su discípula Therese Martín.

Un proceso de documentación y análisis que requirió de visitas a San Isidoro «frecuentes e intensas» y en torno a las cuales sólo tiene palabras de agradecimiento para el abad, Francisco Rodríguez Llamazares, y para sus directoras, Camino Redondo, primero, y posteriormente Raquel Jaén. En cuanto a las conclusiones, sintetiza Ana Hernández que espera «haber podido situar a las biblias de San Isidoro y de San Millán en el lugar que les corresponde: la primera línea del arte románico hispano». «Inicialmente, cuando me acerqué a estos manuscritos, no sabía muy bien qué me iba a encontrar —confiesa—, pero a medida que profundizaba en su estudio se iban revelando como complejísimas y muy importantes obras que debieron formar parte del tesoro litúrgico de sus instituciones como objetos de gran lujo, empleados en ceremonias de especial relevancia».

Cargando contenidos...

Y es que esta biblia no había sido abordada desde el punto de vista artístico con suficiente profundidad «debido a que, a menudo, ha sido considerada como una simple copia». «Pero mi estudio —afirma— ha demostrado que es precisamente el hecho de que se trate de una reproducción de otro códice lo que la hace interesante: el estudio comparado de las dos Biblias de San Isidoro proporciona una ingente cantidad de información acerca del trabajo en el scriptorium de la canónica leonesa en la segunda mitad del siglo XII».