Diario de León

YURI MÉNDEZ. alma DE PÁJARO SUNRISE

«Un músico de culto también tiene que pagar la casa»

Méndez ofrece esta noche un concierto en el Gran Café. DL

Méndez ofrece esta noche un concierto en el Gran Café. DL

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pacho rodríguez | león

Cuando Yuri encontró a Fabián todo era death metal a los alrededores de ambos. No se conocían. Por Armunia, por Puente Villarente, por León. Alguna tarde se fajaron en esa exigente y musculosa corriente musical. Pero ellos oían a Dylan o a Cohen y muchos más, y sus canciones sí que les removían de verdad. Pájaro Sunrise ahora vuela en solitario y Fabián, pisando el suelo también toca el cielo. Fin de la conexión leonesa, aunque haya más como la presencia inicial de otro talento: Pepe López. Hoy, en el Gran Café (22.00 horas, 10 euros en taquilla), regresa a León Pájaro Sunrise. Con flamante nuevo disco titulado Oh My (La Viejita Música), donde recorre parte de su carrera y versiona a sus adorados. Sería mucho decir que vuelve a casa porque sigue aquella máxima que Enrique Morente decía con humor: como fuera de casa en ningún sitio. Y en esas está aunque de vez en cuando vuelva.

—Celebra diez años con un gran disco. ¿En qué se parecen sus canciones de antes a las de ahora?

—Lo difícil a veces es hacer canciones sencillas. Pero lo que sí veo con el paso de los años es que todos tenemos una idea creativa sobre la que vamos dando vueltas toda la vida. Las canciones son distintas, pero hay una idea persistente. Y creo que le pasa a todo el mundo. Simplifico. Sí. Cada vez más. Pero no es fácil ese camino.

—Y de las canciones de ese Pájaro Sunrise inicial a este ‘Oh My’, ¿ha cambiado mucho de gustos musicales?

—Me fui de León hace 15 años. Pero sí, lo que me gustaban eran cosas típicas. O lo que llegaba. Cohen, Springsteen, Dylan... Era un adolescente un poco tonto y mi empeño era que lo que hacía no se pareciera a nada. Y eso, pensado ahora, era absurdo.

—De León es fácil irse. Pero, ¿y volver?

—A veces lo pienso. Porque cuando vas piensas: qué ciudad tan agradable. Si no fuera por la poca actividad que tiene...

—Cuando casi se le considera artista de culto, tal y como está el patio, ¿se ríe mucho?

—No lo sé. No hago mucho caso de los críticos. Cuando el disco está en la calle poco puedes hacer. Si sirve para que la gente se acerque a las canciones, bienvenido será. Pero es sólo una forma de definirte. Hay mucho de cliché al hablar de los músicos. Serás de culto, pero pagarás el alquiler, harás la compra, pondrás la lavadora... No me quejo porque es igual para todo el mundo y en todas las épocas. Cuando pasan los años desaparece la imagen idealizada de músico. En mi caso he podido hacer siempre lo que he querido, aunque en épocas viva más de otras cosas como la publicidad o de trabajar para otros.

—En lo positivo se puede decir que lo mismo suena en ‘prime time’ en la radio o en la tele, que en emisoras alternativas... ¿Le quieren en todos los sitios?

—El acceso de una compañía pequeña es menor. Dependemos de gente de medios a los que les gustamos y a los que llegamos casi sin saber cómo.

—¿Remitió ya la fiebre ‘indie’?

—Para mí el indie es una etiqueta, no un género. Indie serían Los Pixies o Galaxie 500. No sé qué tiene de indie un grupo de Subterfuge o de una multinacional. La verdad es que nunca me he identificado. Sobre todo porque yo quiero hacer música para todo el mundo, y no para nichos.

—Y hoy en León, ¿concierto festivo o silencio sepulcral?

—Con el violinista Javier Giménez pondremos cosas a sonar. En estos conciertos, además, no llevo muy claro el repertorio hasta que casi no comienza.

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