MINORÍAS ABSOLUTAS
Resistencia
Nos hemos vuelto pobres. Hemos ido perdido uno tras otro pedazos de la herencia de la humanidad; a menudo hemos tenido que empeñarlos a cambio de la calderilla de lo «actual» por la centésima parte de su valor. Nos espera a la puerta la crisis económica, y tras ella una sombra, la próxima guerra».
Ayer se cumplían 76 años desde el posible suicidio de Walter Benjamin y uno se aferra con más obligación moral que con nostalgia al recuerdo de un pensador de la resistencia que hizo posible el tránsito entre lo comprensible y lo incomprensible.
Cada vez soy más entusiasta de la resistencia, en su término más abierto, por cuanto acontece en este mundo pobre y «actual». Estamos constantemente invitados a cambiar, a pasar página, a no asentarnos en ninguna convicción demasiado tiempo por miedo a pasar de moda. Alguno me dirá que esto poco tiene que ver con esas fuerzas renovadoras a las que tanto defiendo, pero nada más lejos de la realidad.
La resistencia, la perseverancia ante ciertas conductas, no son más que posiciones humildes ante nuestra falta de capacidad. Si asumimos nuestras limitaciones –si nuestro ego sobrealimentado nos deja- podremos justificar de manera sabia que cualquier cambio ha de llevar una reflexión y un análisis asociado. El gran problema actual es que si nos paramos a pensar, no actuamos... y en esta sociedad de consumo indiscriminado, hasta las ideas han de tener su balance económico trimestral. Vivimos en el «renovar o morir» sin reflexión ni consciencia.
Por eso, cuando hablo de cambio meditado, cuando propongo la resistencia ante la volatilidad de las ideas, no entro a medir movimientos de cambio que promueven la reflexión, el avance proporcionado, la consciencia de los bienes y su reparto equitativo. Esos movimientos de cambio provienen precisamente de la resistencia a un cambio anterior, a un cambio que seguramente vino por imposición, de manera abrupta o poco reflexiva. Son por tanto movimientos que llevan años, incluso décadas luchando por instalar ideas de progreso global y no interesado, y esos movimientos acaban siendo aplastados por los intereses especuladores de la mediocridad
Por ello, pedir que un voto valga lo mismo que otro, pedir que las decisiones se tomen de abajo hacia arriba, solicitar que los bienes de un país se inviertan en sus ciudadanos y no en conglomerados ficticios de especulación bursátil... no son ideas de cambio sin más. Son la mismísima resistencia reflexiva que ha demostrado que el tiempo les daba la razón. Que esta manera de vivir sobresaturada no se puede mantener, que el cambio necesario no viene del cierre de la Bolsa de ayer.
Tal día como hoy descubrió la penicilina Fleming; la innovación de este premio Nobel no llegó de un día para otro, desde la Grecia antigua hasta los indios americanos, los hongos se utilizaban para curar heridas. Pero la perseverancia y la resistencia a las modas hicieron que este hombre generase los antibióticos que salvarían a tantas personas en el mundo. La resistencia amigos, la resistencia.