La belleza de los trajes de luces
La pintora onubense Carmen Gómez Orta expone temas taurinos en Sharon Art.

La artista onubense Carmen Gómez posa junto a dos de las obras de la exposición. CUEVAS
marcelino cuevas | león
Corren malos tiempos para los toros. Hay intención der lograr en que la fiesta por excelencia desaparezca. Habrá o no razón para este empeño, pero lo que es seguro con su posible desaparición es la pérdida de todo un universo estético, de todo un interminable cúmulo de tradición y rito. ¿No podríamos dejar a los amantes del festejo disfrutar de él mientras sus detractores lo olvidan, mientras consiguen impedir que los toros tengan subvenciones oficiales y ayudas que son incompatibles con la nueva moral? Es este momento hay que empezar a dejar a un lado la palabra prohibir, una de las más desagradables del diccionario.
Si las corridas de toros terminan nos perderemos imágenes como las que presenta en la galería Sharon Art la pintora onubense Carmen Gómez Orta. Cuadros que en los que se enfoca el tema taurino con mucha originalidad, fijándose en la brillantez colorista de los trajes de luces, buscando momentos en los que de ninguna manera se ofenda la sensibilidad de los acérrimos defensores del toro. En sus cuadros todo es belleza y elegancia. Falta quizá en ellos ese momento mágico, esa danza ritual que interpretan el animal y el torero entre la luz y las sombras. Pero hay tanto color, tanta seguridad compositiva en sus cuadros que, sin que nadie lo pretenda, se convierten en auténticos paisajes de oros y sedas, de brillantes destellos y de sólidos colores.
Explica Carmen Gómez que «Los toros forman parte de mi vida y que gusta sumergirme en su lado estético. Quiero que el espectador. si cierra de los ojos ante uno de mis cuadros, conserve en su retina los colores, la belleza cromática de esos hombres vestidos de luces. Aunque sienta esta pasión eso no quiere decir que no pinte otras cosas, también pueden verse en esta exposición algunos lienzos dedicados a las flores y animales, como el caballo, que están llenos de belleza. También siento muy dentro de mí el flamenco y le dedico buena parte de mi obra». Carmen Gómez pinta con enorme fuerza, sus pinceladas son seguras y agresivas. Del fondo impresionista de sus cuadros surge en ocasiones un rayo de luz, una vibración conseguida solamente con una pincelada limpia que se superpone a lo pintado y lo dota de una inusual belleza. Es la suya una pintura que vive entre el academismo y la brillantez de la improvisación, en la libertad más absoluta.
Es, en definitiva, una muestra dedicada a los toros que en ningún momento va a ofender, que se centra en la incuestionable belleza del entorno taurino, en el romanticismo colorista de un ritual que en este momento muchos quieren ver desaparecer.