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rafael saravia
León

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Ante la estulticia y la vaguería del ciudadano pasota, el entramado de poderes se siente a gusto. Nada beneficia más al conservadurismo rancio que hacer creer que todo es igual, que nada es cambiable y que «total para qué» si todo es lo mismo.

Este discurso desalentador es el bocado de oxígeno que ha necesitado Donald Trump para haber llegado donde ha llegado y este mismo discurso se defiende con tesón en la lucha por deslegitimar a las nuevas fuerzas políticas que irrumpen con una fuerza desconocida en EE UU y que sin embargo no acaban de tener sitio para generar el cambio necesario, tal vez por esto mismo, por no hacer saber a sus ciudadanos que no, que no todo es igual, que no todos los políticos son lo mismo, que no todos los partidos buscan los mismos propósitos y se autorregulan de igual manera.

Pero no es cuestión de mirar más allá de nuestras fronteras, en nuestro país tenemos ejemplos aberrantes de igual calado. Nos quieren hacer ver que la corrupción, la manera en que se afronta y la profundidad corrupta de cada caso, está enquistada de igual manera en todos los partidos, así que mejor tener a los de siempre porque lo inevitable es tener un partido que sea limpio y luche por la limpieza. De esta manera grandes medios de comunicación nos hacen creer que por poner portadas y titulares más grandes y tendenciosos nos vamos a creer lo que no es.

Porque señoras y señores, no es lo mismo todo. No es lo mismo vender un piso de protección oficial, en régimen de cooperativa, de manera legal, y sacar 19.000 euros de beneficio –como hizo Espinar-, que vender pisos de protección oficial a un fondo buitre por debajo de su valor, sin aplicar las normas de contratación y «regalando» más de 30 millones de euros de todos los madrileños –como hizo Ana Botella-. El primer caso acaba de ocupar varias portadas y durante semanas ha sido motivo de discusión. El segundo caso tuvo mucho menos de la mitad de repercusión. Juzguen ustedes, 19.000 euros frente a más de 30 millones (y hablo del valor mínimo, pues realmente sería mucho más).

No es lo mismo ser juzgado hasta cinco veces por unos mensajes en Twitter como le ocurre a Zapata –no he visto al actual ministro sentado en el banquillo por sus declaraciones de homofobia- que aparecer en unos mensajes entre el presidente del gobierno y Bárcenas con ánimos y siglas en una de las peores tramas de corrupción que afectan a un partido político al completo. Zapata pidió perdón y habló del contexto, el sarcasmo e ironía en las redes, el ministro Zoido pidió perdón por lo que se supone fue una falta de escritura, uno lleva cinco juicios, el otro nada. Del presidente y Bárcenas ni hablamos.

La declaración complementaria de Monedero copó los titulares de toda España a pesar de que no hubo delito alguno y Hacienda no pudo multarle. Pero sí pudo multar a Aznar con 70.000 euros y le obligó a hacer una complementaria igualmente. ¿Visualización de errores? a uno el todo, al otro la nada.

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Así que fuera comodidad, porque quien quiere ver, puede ver. Y no, no todo es lo mismo.