Diario de León

Cómo irradiar luz a partir de la oscuridad

Jesús Vidal es un actor leonés cuyo campo visual de apenas el 10% no ha sido traba para protagonizar obras como ‘Cáscaras vacías’, con el CDN.

marcosGpunto

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e. gancedo | león

«Uno tiene que intentar potenciar aquello que mejor sabe hacer... y yo sé que puedo transmitir muchas cosas cuando actúo sobre un escenario. Lo sé». Lo sabe Jesús Vidal, y tanta fe tiene en sus capacidades, tanto es el tesón que ha invertido en ensayos y formación, que ya ha conseguido poder dedicarse por completo al arte de candilejas.

El hecho de que su campo visual se reduzca a apenas un 10% parece una mera anécdota —un rasgo más del físico o del carácter—, cuando se habla con este leonés, nacido en 1975, que acaba de bajar el telón del aclamado Cáscaras vacías en Madrid. Un montaje escrito y dirigido por Laila Ripoll y Magda Labarga, y producido por el Centro Dramático Nacional y La Zona, que ha sido representado en temporada regular en la Sala Princesa del Teatro María Guerrero, del 26 de octubre al 13 de noviembre a lo largo de 17 funciones. En él, Jesús Vidal interpretaba a Hans, un esquizofrénico recluido durante años en un establecimiento psiquiátrico alemán. Porque Cáscaras vacías se basa en la tristemente célebre ‘operación T4’ que llevaron a cabo los nazis entre 1939 y 1941, según la cual se aplicó la eutanasia a muchas decenas de miles de discapacitados. «Hay especialistas que hablan de hasta 200.000», indica Vidal, quien resalta cómo la obra está construida «íntegramente sobre testimonios reales» y con un rigor «muy grande».

Además del hecho de ser «un espectáculo inclusivo total» (también actúan en él personas con sordera y con síndrome de Down), el leonés recalcó su «gran valor artístico», con elementos de cabaré, tan de moda en la época, música, coreografías... «Mi personaje, Hans, se cree doctor de sus compañeros de cámara de gas... y ejerce como tal. Profesa un gran amor por los placeres de la vida y es muy vitalista, tremendamente irónico. Yo, a pesar de su cinismo, destacaría el gran amor que siente por todos sus compañeros. Vamos, un regalo de personaje», manifestó Jesús Vidal, de verdad entusiasmado con una obra que podría iniciar también, en breve, gira nacional.

Dramaturgo además de actor, («para mí hacer teatro es un reto, no un problema», dice), Vidal comenzó a nivel amateur «hace mucho tiempo» en su ciudad natal pero fue hace tres años cuando apostó fuerte por este lenguaje al preparar Sala de espera , valiente texto basado en el drama que viven los enfermos de alzheimer y sus familiares, ofrecido en León y otros lugares de la provincia. «Después seguí cursos y talleres tanto en León como en Madrid, especialmente los del festival Una mirada diferente . Y fue gracias a un taller del CDN como surgió la posibilidad de hacer Cáscaras vacías ...» y de convertir el teatro, no una afición, sino en una auténtica actividad profesional.

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