Diario de León
Publicado por
rafael saravia
León

Creado:

Actualizado:

Si salgo un día a la vida/ mi casa no tendrá llaves:/ siempre abierta, como el mar,/ el sol y el aire». Así comienza el poema, el sueño de libertad, de un hombre que supo no doblegar la esperanza ante el dictamen faszoide de cercenar la vida de un humanista en una prisión durante más de 23 años seguidos.

Marcos Ana murió esta semana pasada a los 96 años, como revelándose a los tiempos que lo natural otorga a los hombres, como supliendo el estigma imborrable que le grabaron en días, meses, años, décadas de mutilación vital. Ha sido un tiempo, no obstante, demasiado corto para una persona que sí puede ser nombrado como ejemplo de conducta y maestro de coherencia capital.

Desde su encarcelamiento en el año 1939 hasta su libertad a finales de 1961 pasó por multitud de prisiones sufriendo torturas y condenas a muerte que intentaron acallar una voz fundamental en la lucha por la libertad y los derechos democráticos. Un comunista que supo utilizar la palabra para que la poesía fuese columna vertebral de la conducta libertaria.

Muchos quisieron ser Marcos Ana en lo más profundo de su discurso moral, hablo de poetas e intelectuales de la talla de Pablo Neruda, Rafael Alberti, Silvio Rodríguez, Saramago, José Sacristán y tantos y tantos que supieron ver en su sacrificio y su falta de rencor un icono a seguir en la lucha por unas ideas que traspasaban los intereses personales para ser estandarte de una postura social y cívica como pocos han cultivado.

A su salida de la cárcel Marcos Ana no cesó su pugna para no olvidar a los que él conoció y sufrieron la desesperanza y la muerte con la angustia provocada por el fascismo. Siempre se consideró afortunado pues supo de unos índices de terror y dolor que traspasaban lo imaginable. Reconocía que, a pesar de sus más de 23 años consecutivos en la cárcel, hubo muchos que lo pasaron peor, pues no tuvieron el cariño y el reconocimiento que él tuvo al salir. Y por eso dedicó su vida a recorrer el mundo visualizando su carestía de tiempo y motivando la acción de los más jóvenes que entendían que los héroes son capaces de recitar poemas como este: «Camaradas, a las doce,/ todos los pulsos en hora./ Que suenen como campanas,/ en una campana sola./ Que fundan los corazones/ en un corazón y todas/ las ramas del pulso sean/ árbol de luz en las sombras».

Esta semana pasada un hombre y sus convicciones, inseparables, viajaron al descanso después de haberse ganado a pulso cada uno de los días que respiró. No todos, casi nadie me atrevería a decir, tienen la bondad prendida en la conducta del luchador y defensor de identidades plurales; muy pocos saben tanto de libertad habiéndola vivido tan poco.

Me despido con una sentencia de Juan Carlos Mestre hecha al maestro Ana: La sabiduría tal vez sólo consista en haber sido un buen antepasado. Tenemos la certeza de que Marcos lleva siéndolo mucho tiempo. Poco importa que tan pocos lo sean; uno, tan sólo uno basta, como testigo de toda la nobleza humana.

tracking