«Esta obra dice: ¡Gracias, minero!»
‘Hijos del trueno’, el montaje teatral que hoy, día de Santa Bárbara, se despliega en el Museo de Sabero, supone un tributo sincero hacia todo lo que la sociedad debe a la minería justo cuando León asiste al final de estas labores, una forma única de ver y estar en el mundo. .

El escritor y actor Manuel Ferrero López del Moral es el autor del texto, director e intérprete de este espectáculo. VICENTE GARCÍA
e. gancedo | león
Nada más bajar el telón, los aplausos resuenan en la sala como el ensordecedor martilleo del picador o como una pequeña voladura controlada. Hijos del trueno suele terminar así. También con lágrimas. Y con muchos comentarios sobre una raza de héroes ya casi extinta. Lo que fue pura cotidianeidad para muchos valles leoneses durante más de un siglo, la minería del carbón, acaba de entrar en el capítulo de la leyenda. Y este montaje teatral, sencillo pero cargado de emotividad y de razón —ya desplegado con gran éxito en varias localidades y que hoy llega al Museo de la Minería y de la Siderurgia con sede en Sabero—, explora el legado de aquella forma de vida y ofrece un sincero homenaje a sus esforzados protagonistas.
Todo comenzó con el encargo que el director del museo, Roberto Fernández, hizo a Manuel Ferrero, cuentacuentos, actor y escritor natural de Ciñera de Gordón, para desarrollar un montaje sobre la minería. «Siendo yo nieto, sobrino, hijo, primo y hermano de mineros, me causó tanta ilusión como respeto... ¿Qué podía contar yo?», se preguntó entonces, y también: «¿A partir de que podía teatralizar sus historias? ¿Cómo presentarme con un homenaje a los mineros cuando los momentos actuales se viven con incertidumbre total en nuestras comarcas?».
Pero el autor de libros infantiles como Anastasia la valiente , El mago Mangachuscos o La hormiga Pasmina venció resistencias y miedos y decidió «ponerle confianza» al guión. «Lo que sí tenía claro es que la obra debería girar en torno a la dignidad de la gente humilde que suda, trabaja y saca la familia adelante», explicó al Diario.
En cuanto a los peldaños más difíciles o delicados que encontró a la hora de avanzar en el proceso de creación, Ferrero menciona la documentación: «Por ejemplo, hacerse a la jerga minera y movilizar a mucha gente para darle forma. Armando Gutiérrez y Toño Morala me pasaron textos, Ángel Sol anécdotas, Fran Allegre y Alfonso Salas aportaron la música, los ensayos tuvieron lugar en Alquite y Juan Soñador, la furgoneta era la de Vicente porque mi coche se quedó pequeño... y todo eso sin olvidar que la bocamina, la lámpara y la vagoneta las fabricó Zacarías Herrero y que la tarea de apuntar y lanzar audios fue cosa de Santi y María».
Eso sí, reconoce que lo fácil ha sido trabajar con Beatriz Larom, su partenaire sobre las tablas. «Como todo el mundo sabe, ella es cantante, y este lío de hacer teatro fue a propuesta mía. En la obra se marca algunos cantes. Es un placer trabajar con ella y verla crecer a momentos. Me río mucho con sus ocurrencias y su buen humor».
«Vivir sin hacer daño»
Ante la pregunta central de, en el fondo, que ha querido transmitir Manuel Ferrero con Hijos del trueno , lo piensa un momento y responde: «Aquí hay momentos para reír, para llorar, para reivindicar, para revisarse y para agradecer a nuestros ancestros... Es un homenaje. Uno, frente a la doble moral que predica el fin del carbón por ser contaminante mientras deja abiertas las térmicas para hacer negocio con carbones extranjeros. Y un recuerdo emocionado frente al doble rasero que no cumple con los acuerdos del carbón e incumple sentencias con total impunidad. Pero también mira a los ojos del capitalismo que no arregla escombreras y lleva los dineros a lugares nuevos y le dice: ‘La herencia de la tierra es de los que bregan en su trabajo para darle vida a la vida’. Claro que donde digo minero puedo decir agricultor, panadero, albañil, maestro, etcétera. Vivir sin hacer daño y sin sacarle lucro a otras personas es lo que cuenta».
Siempre sincero y valiente, habla Ferrero de esos mineros «con ojos abiertos» que «cuidan sus pueblos y quieren compartir instantes sencillos». «Aquellos que sobreviven como pueden a explosiones y derrumbes de todo tipo son los ‘hijos del trueno’ —califica—. Trueno porque es metáfora de la barrena y del carácter valiente. Porque, a pesar de las tormentas, revoluciones, guerra civil, huelgas, marchas mineras y todos esos fondos miner ‘invisibles’, son capaces de abrir claros de sol. Los suyos son instantes para el asombro, el compañerismo, la lealtad y la nobleza de carácter».
Hablando de la respuesta del público en ocasiones anteriores, Ferrero vislumbra desde arriba rostros emocionados. «Los aplausos son sinceros y cálidos, y percibo también un sentimiento de desahogo». «Las lágrimas, que alguna sale a relucir, no son de pena sino de comprensión y orgullo. Es como si un árbol se descubriera de pronto sus raíces hondas. La gente comprende la valentía de los abuelos, de los padres y madres, y piensa y dice: ‘Esta gente es de otra pasta’, ‘¡Cuánto trabajaron!’, ‘¡Y fueron capaces de tirar hacia delante y criar los hijos...!’. Diría que se nota en el aire una emoción concreta: gratitud».
El fin de la mina, una vergüenza
A Ferrero López del Moral le da «vergüenza» cómo está terminando la larga historia minera de León. «Entiendo que la responsabilidad pide recuperar las montañas y tratar a nuestras comarcas con respeto, y especular es un crimen que le hace mucho daño a las personas y al mundo. Yo no soy quién para juzgar a nadie, pero digo bien alto: ‘¡Gracias, mineros!’. Es lo mismo que decir gracias abuelo, abuela, padre, madre, tío, tía, hermano, hermana... De todos modos, el mejor homenaje es confiar en nuestras gentes y en nuestras comarcas. Están llenas de oportunidades y han de ser capaces de mirar a los ojos de los gobernantes para decirles: ‘Somos reyes de nosotros mismos, queremos lo que corresponde, verdad y respeto’».
El director, actor y guionista de Hijos del trueno añade algunas reflexiones sobre cómo se ha vivido estos últimos años, cuando ha quedado claro «que el dinero va y viene, pero la dignidad no». «No reinvertir el beneficio en la zona se parece a exprimir una naranja y tirar la monda para que otro resbale», comparó el creador de un montaje que, además de hoy en Sabero a las 19.00 horas, se desplegará el martes en La Pola de Gordón a las 17.30 en la biblioteca, y el día 8 en La Robla, a las 18.00, en la Casa de Cultura.
Y es que a este autor le «asombra» cómo la gente es capaz de echarse a la cara los logros sociales. «Al maestro se le critica por las vacaciones, al funcionario le cuelgan la fama de no trabajar, el que cobra el paro lo recibe porque es un vago, el que está de baja es que se queja de vicio y al minero se le juzgan mal por prejubilarse... ¿No son los logros derechos a extender? ¿Con qué legitimidad habla el que es senador, si con pocos meses de trabajo tiene derecho a pensión y cobra dietas hasta por respirar? La crisis es una mentira. Un invento para que nos peleemos unos con otros. Toca decrecer, reducir consumo y repartir. Lo mismo que hay un sueldo mínimo, hay que poner un sueldo máximo, amplio si se quiere, pero que ponga tope al egoísmo humano. La tierra no aguanta más la obsolescencia programada de nuestros corazones faltos de compasión. No es el dinero lo que da la felicidad, aunque sea un bien necesario y útil. Lo que da la felicidad es el amor. Y eso es lo que nos toca aprender».