MAGO MURPHY maestro de ceremonias del festival de magia
«Los magos hacemos magia, no milagros»

El Mago Murphy durante uno de sus números. DL
verónica viñas | león
El Mago Murphy, el más canalla y divertido, ha sido fichado como maestro de ceremonias de las galas ‘Los mejores magos del mundo’, incluidas dentro del extenso programa del festival León Vive la Magia, que arranca mañana.
—¿Cómo se hace uno mago?
—El artista nace, pero se tiene que descubrir a sí mismo. Yo no vengo de una familia de artistas. Se lo debo todo a una colección de magia que salió en los kioscos en 1991, se llamaba ‘El mundo mágico de Juan Tamariz’ y era una enciclopedia mágica. Desde entonces me atrapó.
—¿De dónde sale su nombre artístico?
—De la Ley de Murphy, que es un poco pesimista, pero me gustaba fonéticamente.
—¿Por qué la magia tiene tanto tirón?
—La magia ofrece una experiencia distinta al teatro, la danza o la comedia. No digo que sea mejor pero sí diferente. El ingrediente es la emoción y la sorpresa. Tiene además muchas disciplinas y ramas. Yo trato de mezclar la magia con el humor y la participación del público.
—¿La magia es mejor con humor?
—La magia ya de por sí es humorística, porque cuando le haces un pequeño milagro a alguien lo primero que hace el espectador es abrir la boca con cara de sorpresa y después soltar una carcajada.
—¿Tamariz es el mago que más admira?
—Ha sido un referente. Pero magos favoritos tengo muchos, como Dani Daortiz o Miguel Ángel Gea. Los que más me han influido son Tamariz y Pepe Carrol.
—¿Hay un juramento entre los magos para no revelar los trucos?
—Lo que hay es mucha leyenda. Hay congresos y entre nosotros sí compartimos experiencias y técnicas. Sí hay secretismo con el profano, aunque hoy con un clic tienes toda la información y con Internet es fácil encontrar el secreto. Eso es algo con lo que no podemos luchar.
—¿Pertenece a alguna sociedad de magos?
—Sí, al Círculo de Ilusionistas de Cantabria. Allí descubrí que había gente con las mismas inquietudes que yo. En el momento que accedes a una sociedad descubres que hay una extensa a biblioteca y una videoteca, y lo que empezó siendo un hobby se acaba trasformando en una profesión.
—¿Qué es lo más mágico que le ha ocurrido?
—Me sigue ocurriendo cada día. La sonrisa de un espectador es lo mejor que te puedes llevar cuando ves que has hecho bien tu trabajo y la gente ha disfrutado. Sobre el escenario, en 25 años, me han sucedido cosas muy bonitas. Una vez un hombre vino a verme para pedirme ayuda porque quería pedir matrimonio a su mujer. Saqué a la chica al escenario y en un momento dado él se le declaró.
—¿Y fue mágico el matrimonio?
—No lo sé. No he vuelto a tener noticias.
—¿Cuánto ensaya cada número?
—Depende de la complejidad técnica. Algunos efectos merece la pena dedicarles muchas horas de ensayos para llegar a tener la destreza suficiente y otros en los que te tienes que basar más en el guión. Básicamente, ensayo ocho horas al día, el mismo horario que cualquiera dedica a su trabajo. Nosotros dedicamos ocho horas al día a pensar, a escribir, a mejorar o a ensayar efectos.
—¿Qué ilusiona a un ilusionista?
—Lo que realmente me hace feliz es subir a un escenario y provocar algo en el espectador. La gente sólo ve el resultado final y parece fácil, pero detrás hay muchas horas de ensayo.
—Con su varita, ¿a qué político haría desaparecer?
—A todos.
—¿Si tuviera superpoderes qué le gustaría cambiar?
—Daría más conciencia para que fuéramos capaces de saber dónde estamos y de encontrar una dirección. Si el papa tuviera una varita y fuera mago podría cambiar muchas cosas. Los magos hacemos magia, no milagros.
—¿Cuál es el mejor mago de la historia?
—Probablemente, el que más ha dignificado nuestro arte y lo ha llevado al máximo, llenando grandes escenarios de todo el mundo: David Copperfield. Ha sido capaz de vender la magia como un espectáculo grandioso.
—¿Le conoce?
—Sí, le conocí en Las Vegas y pude ver su espectáculo.
—¿La magia le ha permitido viajar a muchos países?
—Estoy limitado por el idioma, porque sólo hablo castellano. Sí he viajado mucho para ver a otros artistas, para documentarme y para estudiar.
—¿Se copian unos a otros?
—Los magos somos todos bastante parecidos. Lo que nos diferencia a unos de otros es el personaje. Al final, el artista es una extensión de la persona. En mi caso hay un 50% de Murphy y un 50% de David.
—¿Qué aportan a la magia festivales como el de León?
—Acercan este arte al espectador. En los 70 los espectáculos de magia eran lo más visto y valorado. Con el tiempo los escenarios se han ido llenando con otras propuestas y la magia ha ido quedando relegada. Estos festivales dan la oportunidad de ver a artistas de reconocido prestigio en el mundo.
—En León será maestro de ceremonias en las galas internacionales, ¿este papel es más difícil que hacer un número de magia?
—Sí, es bastante complicado. El maestro de ceremonias tienes que mantener un tempo y un ritmo para que el espectador no se aburra. Estás al servicio público y de los artistas que van a ejecutar con precisión un número.
—¿Echa de menos la televisión?
—No. Estuve trabajando ocho años y es un medio que me gusta mucho, pero no creo que ahora haya formatos en los que tenga cabida. Ahora se llevan otro tipo de contenidos. Es bastante cíclico, hay épocas en las que no se ve nada de magia en televisión y otras en las que todos los programas tratan de meter algo de magia. La magia es un espectáculo de directo; en televisión se pierde la realidad.