CULTURA
Funerales vikingos para el pequeño de los Panero
Su hijastro Javier Mendoza publica el primer libro de Michi Panero con nueve cuentos y artículos de prensa. Cederá los manuscritos a la casa familiar de Astorga

Michi Panero en Astorga, meses antes de fallecer en 2004. ARCHIVO
verónica viñas | león
Han tenido que pasar 17 años para que Michi Panero pase de ser un «diletante» —como le define la Wikipedia— a un escritor. Javier Mendoza, hijo de su segunda mujer, Sisita García-Durán, y a quien confió una carpeta con relatos inéditos, ha decidido que ha llegado el momento de ‘dar voz’ a un hombre que, literariamente, «está a la altura de su familia». «En esas carpetas está lo mejor de Michi», asegura.
Mendoza, periodista freelance, que tiene previsto presentar el libro en la casa Panero, a la que planea donar todos los originales, también ha dejado su huella en esta singular obra. Se trata de un libro doble. La cara A, titulada Funerales vikingos, reúne nueve cuentos y artículos de Panero en El Independiente o Diario 16; en la B, denominada El desconcierto, el periodista relata la relación que mantuvo con el marido de su madre, al que conoció el 19 de junio de 1988. «La última vez que nos vimos fue dos o tres días antes de que muriera», recuerda.
Este libro de doble portada, editado por Bartley, resuelve «esa maldición de ser un escritor que no tenía libros», dice Mendoza. En su opinión, «Michi tenía un mundo interior poético a la altura de sus hermanos».
La pregunta es: ¿por qué ahora? Mendoza responde que lleva años dándole vueltas a qué hacer con aquellas carpetas que le entregó su padrastro. «Lo único que me sostiene es sentir que en esas carpetas se esconde lo mejor de mi mismo, el Michi Panero que nadie conoció». Este comentario, escrito por el propio autor en una columna, refleja el espíritu de esta antología, que incluye escritos entre 1963 y 1971 y los cuentos que firmó como José Blanc —quizá para distanciarse de la figura paterna que tan mal parada sale en la famosa película de Jaime Chávarri El desencanto—. Entre los relatos hay uno que el pequeño de los tres hijos de Leopoldo Panero y Felicidad Blanc escribió con tan sólo diez años a propósito de la muerte de un soldado.
«Michi amenazaba con sus memorias y, al final, las escribí yo», confiesa Mendoza. Un libro que mantiene viva a una saga marcada por la tragedia. También Sisita murió hace año y medio. Mendoza conoció a Leopoldo, un transgresor que eligió vivir en la locura y pasó su vida de psiquiátrico en psiquiátrico. «Le fui a ver a Mondragón y le hice una entrevista. Era muy tierno», recuerda Mendoza, quien, en cambio, no tuvo relación con Juan Luis, que nunca estuvo ni se le esperaba.
Los Panero, según Luis Antonio de Villena, autor de Lúcidos bordes de abismo —libro sobre esta saga—, hicieron temblar los cimientos de la tradicional familia franquista a partir de su propia historia». Michi Panero, intuyendo el final, confesó en una entrevista a este periódico: «Me gustaría que la puta muerte fuese antes que nada puta». Siempre tuvo la ilusión, según Mendoza, de «ver la casa familiar tal y como está ahora».
A José Moisés fue su padre quien le abrevió el nombre y empezó a llamarle Mocheles, no del agrado de los hermanos, quienes pronto lo cambiaron por el de Mochi y, finalmente, Michi, quien eligió morir donde había nacido, en Astorga. Había dejado atrás dos matrimonios, un cáncer, un largo periplo por hospitales, una familia rota y una cirrosis crónica. También fue él quien «liquidó» al mejor postor el legado paterno conservado en la madrileña calle Ibiza, un piso donde cuentan que era fácil seguir el rastro del tiempo, por los objetos que el descuido fue acumulando.
Volvió a Astorga con el propósito de rescatar del secular olvido la memoria de su padre. Se instaló en un apartamento del emblemático edificio del Hotel Moderno. A sus 52 años tenía en el rostro el castigo de una edad apurada hasta el límite. Intentó convivir con su hermano Lepoldo en Las Palmas, a quien el largo itinerario por varios manicomios había convertido en un ser literariamente apasionante, pero humanamente «insoportable».

Michi Panero con su hijastro Javier Mendoza. JAVIER PARRA