Diario de León

El ‘juguete’ que trajo la batalla de Lepanto

De la iglesia del Mercado cuelga la singular maqueta de un barco de guerra La tradición la inició el padre del célebre conde de Rebolledo, en agradecimiento por haber sobrevivido.

Una imagen de detalle del ‘barco colgante’. SECUNDINO PÉREZ

Una imagen de detalle del ‘barco colgante’. SECUNDINO PÉREZ

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e. gancedo | león

Nadie sabe a ciencia cierta de cuándo data el navío que lleva —por lo menos— medio siglo en mitad de una solitaria singladura de secano, navegando el aire diáfano y románico de la torre de la iglesia del Mercado, pero la tradición que lo inició suma ya la nada desdeñable cifra de 440 años. En el icónico templo que domina la plaza hoy convertida en campo de batalla no son demasiados los que, al entrar, elevan la testa y se dan cuenta de que del cuerpo de la torre cuelga la maqueta de una galera, boga de siglos sobre un océano de cabezas con mayor o menor pilosidad. Y barco que donó el padre del famoso Conde de Rebolledo, don Gerónimo, bautizado en esta iglesia, a su regreso de la batalla de Lepanto, donde fue herido pero tras la que sobrevivió. «Como era muy devoto de la Virgen, prometió, a modo de exvoto, depositar aquí una réplica del barco en el que había combatido, y así lo hizo», cuenta el párroco, Enrique García Centeno. De hecho, en la misma torre existió durante mucho tiempo un retrato de este militar, escritor y diplomático leonés... antes de que lo robaran, como recordó el sacerdote.

Señor de Irián, y casado con doña Ana de Villamizar y Lorenzana, su hijo fue Bernardino de Rebolledo, nacido en la capital en 1597, también bautizado en el Mercado y quien, entre sus múltiples cargos y peripecias, pudo contar los trece años que pasó como embajador en Dinamarca.

«La réplica se encuentra a una altura cercana a los siete u ocho metros, más o menos —continúa Enrique García— y en uno de sus costados luce la leyenda ‘Rebolledo’ y en el otro, ‘Lepanto’. Lógicamente, el barco actual no puede ser la que fue donada hace más de cuatro siglos, se supone que se ha ido reponiendo, aunque yo llevo aquí cincuenta años y ésta ha venido siendo la misma...». De la maqueta, un curioso ‘juguete’ de madera con toda la arboladura y aparejos a escala, puede apreciarse su mal estado; tanto, que el párroco del templo capitalino cree que, si se bajara al suelo desde su inaccesible altura, «seguro que se nos deshacía entre las manos».

«La más memorable y alta ocasión que vieron los pasados siglos, ni esperan ver los venideros...». Así definió Miguel de Cervantes la batalla de Lepanto, en la que también fue herido, y donde participaron una cantidad de hombres y embarcaciones inusitada para la época: 200 galeras, 100 naves, 50.000 soldados de infantería españoles, alemanes e italianos, y 4.500 jinetes, como recuerda el blog Cosinas de León , que en su día se ocupó de esta curiosa tradición en forma de maqueta realmente desconocida entre la ciudadanía.

Enterrado en el claustro de la Catedral de León, y con calle en el casco antiguo, Bernardino de Rebolledo luchó también contra los turcos en diversas ocasiones: con sólo 14 años inició una carrera militar que le llevó, en calidad de alférez, a enrolarse en una compañía de galeras rumbo a Nápoles y Sicilia, llegando a capitán y a participar en sitios como el de Niza y Casal de Monferrato, donde fue herido en un brazo. Cuando regresa a España y le comunica la toma de la ciudad a Felipe IV, éste le otorgó el título de gentilhombre, un nombramiento que unió al de caballero de la Orden de Santiago que ya poseía. En obras suyas como Ocios (1660) y Selva militar y política (1652) demuestra una muy alta cultura literaria de tono renacentista. Su padre, por contra, legó un objeto que, bien mirado, puede competir con el misterioso topo de la Catedral...

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