Diario de León

joaquín gutiérrez acha

«Media película se hizo en León, pero la Junta, ni caso»

El director de 'Cantábrico' no oculta su decepción

Gutiérrez Acha, que ha trabajado para National Geographic Society y la BBC, es el director de la mayor producción de naturaleza nunca realizada en España. J. L. CEREIJIDO

Gutiérrez Acha, que ha trabajado para National Geographic Society y la BBC, es el director de la mayor producción de naturaleza nunca realizada en España. J. L. CEREIJIDO

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e. gancedo | león

«No es Alaska... Es el Cantábrico». Con esta breve pero contundente expresión anuncian y sintetizan desde el fondo mundial WWF, colaboradores de Cantábrico, lo que supone esta monumental película documental que mañana se estrena en cines de todo el país, también en los de León. Y no podía ser de otro modo, dado que la mayor producción de naturaleza jamás llevada a cabo en España fue rodada, «en más de la mitad de su metraje», en diferentes comarcas leonesas. Lo cuenta al Diario su director, el veterano Joaquín Gutiérrez Acha, quien no oculta su decepción con la falta de apoyo de la Consejería de Turismo de esta comunidad: el resto de autonomías de la cornisa se han, literalmente, volcado con la promoción de un filme al que no sólo se asoma una naturaleza grandiosa sino también historias de vida y muerte.

—La promoción de ‘Cantábrico’ se parece a las de las grandes películas de ficción. La anuncian en todas partes...

—Sí, porque no sólo estamos cerrando los principales informativos de televisión y nos entrevistan en todas las radios sino que el tráiler lleva ya 500.000 visitas en Internet y en las calles el cartel está en autobuses, en marquesinas, hemos instalado una gran pantalla en la Gran Vía de Madrid con imágenes de la película para que las vean todos los viandantes, desde los taxis... Todo con un único propósito: dar a conocer un patrimonio natural espectacular y único.

—Todo el Norte leonés está muy representado en ella.

—Media película fue rodada en León, para qué nos vamos a engañar. Ancares, Picos de Europa, El Bierzo... pero sobre todo el Alto Sil y Laciana. Te diré que vivimos dos años en Villafranca, ese era nuestro cuartel general. Mira, el urogallo está ya casi ausente de Asturias y no hay nada en Cantabria; su último reducto está en León. Claro que hay osos en Asturias, sobre todo en Degaña, pero lo del Alto Sil es increíble: los espectadores disfrutarán muchísimo, por ejemplo, con los ejemplares grabados en los roquedos de Valdeprado.

—¿Cómo se plantea una película de estas características?

—Con mucho trabajo, con mucha paciencia y con apoyos impagables. Es la mayor producción de esta temática jamás creada en España, ni siquiera en los tiempos de Rodríguez de la Fuente se hizo algo semejante. Ha costado dos millones de euros, hemos invertido dos años de grabación y casi uno de montaje, la música es original e interpretada por la Orquesta de Sinfónica de Praga... una locura.

—Sólo así ha sido posible grabar una manada de lobos en plena cacería, ¿no?

—Claro, o el mirlo acuático en el Burbia, o el increíble ambiente que se respira en el interior de un bosque de castaños o los salmones remontando los ríos (estas últimas escenas, conseguidas con cámara camuflada y después de 500 horas de grabación...), y animales aún más curiosos, como la mariposa hormiguera o el halcón abejero, que sólo se alimenta de esos insectos... Besande, Caín, la siega de los prados... el elemento humano es también importante, no en vano éstos son paisajes culturales donde hombre y naturaleza han convivido durante milenios

—El oso y el lobo son animales que otros países europeos supuestamente más avanzados extinguieron hace tiempo...

—Así es, y es que tenemos muy cerca un mundo de una biodiversidad pasmosa, extraordinaria. Esa proximidad es la que quiere vender la película.

—¿No le tiene nada que envidiar a una superproducción de Hollywood?

—Pues no, porque aquí no sólo hay naturaleza, hay escenas de vida y muerte, hay drama. Por ejemplo, nos coincidió la famosa ‘nevadona’, que retuvo los coches un tiempo en Llánaves, y veíamos a los animales salvajes morir de hambre delante de nosotros... todo eso está reflejado. Y yo animo a todo el mundo a que la vea en cines, pues es en las salas donde se puede apreciar toda la grandiosidad de estas imágenes, y a que vayan cuanto antes, que no lo dejen para más adelante: la afluencia inmediata de público es fundamental para poder competir contra las superproducciones.

—En Gijón y otras ciudades se organizaron grandes actos de preestreno de la película... ¿Qué ha pasado en León?

—Pues es algo que me ha dado mucha pena. He de decir que la Consejería de Medio Ambiente se portó excelentemente con nosotros durante el rodaje, facilitando los permisos, accesos, etc. Pero a la hora de fijar un preestreno aquí, gestión para la cual previmos un pase privado en Valladolid y cursamos una invitación al director general de Turismo con dos meses de antelación, éste no acudió y se limitaron a decirnos que «lo moverían por redes sociales». Pero Guipúzcoa, que apenas aparece unos minutos, organizó un acto multitudinario en San Sebastián, al de Gijón acudieron dos mil personas... y claro, al final sale bien claro el logotipo del Gobierno de Asturias. ¿Por qué Castilla y León no ha querido dar a conocer así su territorio?

—¿Planes para después de ‘Cantábrico’?

—Mi próximo proyecto es el mundo de la dehesa para después pasar a los Pirineos y recorrer las costas españolas. Me da pena que en televisión no paren de poner documentales sobre África. ¡Nuestra naturaleza no tiene nada que envidiar!

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