Diario de León

Eslonza regresa al año 912

Termina la excavación arqueológica que desde hace un año ha escudriñado y limpiado las formidables ruinas del monasterio de San Pedro de Eslonza. Los hallazgos más importantes son unas ménsulas del siglo X, testigos de la iglesia primigenia, y todo el pavimento original del claustro. Ahora el emplazamiento será visitable solicitando cita previa en el Ayuntamiento de Gradefes. .

Vista aérea de San Pedro de Eslonza tras la limpieza, prospección y desescombro de todo el emplazamiento. RODRÍGUEZ VALBUENA ARQUITECTOS

Vista aérea de San Pedro de Eslonza tras la limpieza, prospección y desescombro de todo el emplazamiento. RODRÍGUEZ VALBUENA ARQUITECTOS

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León

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e. gancedo | santa olaja

Hace algo más de un año apenas había nada que ver en este lugar. Sólo unos cuantos muñones de piedra apuntando al cielo, testigos silenciosos e informes de uno de los mayores y más poderosos monasterios alzados en el territorio del Reino de León. Pero el transcurso de una intensa excavación arqueológica que se ha propuesto conocer mejor, adecentar y poner en valor este histórico emplazamiento le ha forzado a revelar algunos de sus secretos y, ante todo, lo ha hecho ‘legible’.

Impulsadas por el Ayuntamiento de Gradefes, el gobierno autonómico y el Ministerio de Fomento, las obras ya han concluido y sus resultados forman parte de una memoria que se presentará en breve de manera oficial y a cuyas conclusiones ha tenido acceso este periódico. Los trabajos fueron dirigidos por los arquitectos Andrés Rodríguez Sabadell y Susana Valbuena Rodríguez, de Rodríguez Valbuena Arquitectos, y por el arquitecto técnico Juan José Ríos Cebrián. Coordinó las prospecciones arqueológicas María de la Luz González Fernández en colaboración con Strato, Gabinete de Estudios sobre Patrimonio Histórico y Arqueológico, y la ejecución de la obra fue llevada a efecto por la empresa leonesa Ceteco.

El objetivo del proyecto pasaba por conseguir que las ruinas del monasterio fuesen visitables, así como, según el documento, «investigar su origen y secretos ocultos, y tratar de adecuar el entorno para facilitar el acceso al mismo». Para ello se trabajó sobre una extensión de cerca de 4.500 metros cuadrados, removiendo toneladas de tierra y escombro, descubriéndose estancias, muros y estructuras, y extrayendo o descubriendo numerosos elementos: singulares marcas de cantero, molduras, arranques de columnas, suelos de cantos rodados formando primorosos dibujos...

«El desescombro ha permitido recuperar espacialmente los diferentes ambientes monásticos que permanecían ocultos por el derrumbe de sus fábricas y la proliferación de maleza. Por ejemplo, en la iglesia han quedado vistos, en la zona de los pies, los peldaños que desde el nivel del umbral daban acceso al interior del templo —explican arquitectos y arqueóloga en las conclusiones facilitadas—. Se trata de una iglesia de una sola nave con una cabecera muy desarrollada, que se remodeló completamente a partir del siglo XVI». «Además, en el curso de los trabajos se hallaron diversas piezas arquitectónicas entre los que destacan algunos bloques de caliza con cajeados, que se localizaron en la zona del crucero y que previsiblemente corresponden a las pilastras que se alzaban en el centro de este espacio sosteniendo la cúpula —continúan—. En la cabecera, y avanzando hacia la zona del crucero, se practicó un sondeo orientado a rastrear las trazas de esos primeros momentos constructivos del monasterio».

De esas ‘raíces’ primigenias «no queda nada visible», avisan, pero la excavación sí permitió recuperar «algunas ménsulas de piedra muy hermosas, con modillones de rollo policromados de origen mozárabe y que ya han sido trasladadas al Museo de León por su gran interés», destacaron.

Cenobio benedictino situado entre los ríos Esla y Porma, su fundación se atribuye al rey de León García I hacia el año 912, y en su momento fue el segundo monasterio más importante de la provincia después del de San Benito de Sahagún. «En el siglo XV se convirtió en uno de los focos culturales más destacados de las tierras leonesas. A lo largo de esa centuria se creó en él un centro de estudio y un colegio de pasantía, a la vez que se fue reuniendo una excelente biblioteca —anotan los expertos—. Este auge cultural, parejo a su transformación arquitectónica, se prolongó a lo largo del siglo XVII y comienzos del XVIII». Como es sabido, el abandono que se inició en el siglo XIX acabó con su andadura milenaria y provocó la total dispersión de su abundantísimo patrimonio artístico, así como el saqueo de casi todos sus materiales. «En 1835 comenzó el proceso de desamortización y exclaustración —recuerdan—. El edificio fue sacado a pública subasta y vendido a particulares».

El monasterio de Eslonza fue declarado Monumento Histórico en 1931, «pero eso no fue obstáculo para que continuara el deterioro —indican—. Después de pasar por varios dueños, en 1946 el Obispado de León compró los restos por 100.000 pesetas, volviendo así a ser propiedad eclesiástica», y un año después el obispo Luis Almarcha tomó la drástica decisión de reubicar la monumental fachada barroca —y otras cuatro más pequeñas—, piedra a piedra, a la moderna iglesia capitalina de San Juan y San Pedro de Renueva, alto que «mutiló definitivamente las ruinas monásticas», observan. Los vestigios de la iglesia actual corresponderían a la que empezó a levantarse en 1547, consagrada en 1719.

«Pero sin duda el espacio que ofrece una visión más notable es el claustro reglar, remodelado en época moderna siguiendo los cánones clasicistas del momento y en cuyo patio central se conserva buena parte del pavimento —subrayaron—. Está realizado con cantos rodados asentados con tierra y dispuestos a partir de una serie de nervios que convergen en el centro, donde se abre un pozo de sección octogonal. En torno a él se disponían las distintas dependencias monásticas, las más relevantes de las cuales ocupan el ala este». Adyacente a la iglesia se localizó la sala capitular, que anteriormente fue sacristía, y a continuación se desescombró «un pequeño ambiente a modo de distribuidor; el refectorio, una estancia amplia con grandes ventanales abiertos hacia el segundo patio, en el que previamente estuvo ubicado el capítulo; y el pasaje del claustro hacia el patio, donde se despejó parte de un pavimento de cantos rodados con un encintado de ladrillos». En el curso de los trabajos se recuperaron en esta zona abundantes elementos arquitectónicos correspondientes a los nervios de las bóvedas de crucería de la galería, y las claves decoradas con elaborados florones.

Por último, la excavación planteada en la cabecera de la iglesia permitió documentar una serie de pavimentos «cuya técnica sigue la tradición del mortero hidráulico romano, así como un muro que coincide en el paso de la cabecera a la nave y restos de otras cimentaciones asociadas, evidencias que hay que adscribir al edificio levantado en época altomedieval».

La inversión total de los trabajos ha sido de 150.500 euros, donde el Ministerio de Fomento puso 105.350 euros —el 70%— y el resto, el Ayuntamiento de Gradefes. En cuanto a la adecuación de accesos y señalización informativa, también contemplada y que se desea proseguir en un futuro, costó 47.500 euros de los que la Junta de Castilla y León se hizo cargo, en concreto, de 36.580 euros, y el resto, el consistorio local. Ahora, el monumento y todo el trabajo arqueológico realizado podrá visitarse solicitando cita previa en el Ayuntamiento de Gradefes.

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