MINORÍAS ABSOLUTAS
Tres para tres
Creció conmigo, a mi lado,/ llenó mi muerte de vida,/ aun siendo dos extraños/ ella dictaba con su susurro blando,/ yo escribía con mi corazón de tiza». Así es la poesía y su constructo de vida para el joven poeta Aarón A. Alonso, estudiante de bachillerato que cuenta con tan sólo diecisiete años y una prometedora vida creadora.
Esta semana he vivido un buen banquete de lucidez, descaro y frescura junto a otros cinco compañeros de letras. Tres de ellos éramos ya asiduos en los aciagos circuitos literarios —los maestros Juanmaría G. Campal y Antonio Merayo—, pero los otros tres, con su talento perspicaz, atrevido y contundente han sido un soplo de aire fresco para esta palabra indomable que se constituye como poema. Miren los otros dos ejemplos:
«Memorias antiguas a lápiz y lágrimas/ después de que salgas de trabajar/a eso de las once y media, según un reloj estándar,/ el cielo se deshará en una tormenta de ilusiones/ y yo tendré que sentarme a devorar mis ganas de ti […]». Con esta memoria sinfónica Irene Fidalgo, estudiante de Filología Hispánica de diecinueve años, confina sus pulsiones al verso que nace hoy.
Clara Antúnez, estudiante de la ULE, con dieciocho años en sus ganas, nos sabía ir contando lo que la necesidad de vida hace más allá del bolígrafo y el papel: «No le quise poner nombre/ No me daba el papel/ [a lo ancho]/ Se salía./ El caos./ Y qué bonito el crepitar/ la intensidad./ La inmensidad/ del quemarse».
Así surgió el fuego este lunes pasado. Tres para tres que se configuró finalmente como tres poetas inmensamente jóvenes que nos hicieron disfrutar por su celebración y pasión a otros tres que lo somos menos —al menos lo de jóvenes—. Un encuentro en el Ateneo Varillas lleno de magia y agradecimiento. Sin egos y con el lugar exacto para el temblor. Este pasado veinticuatro de abril? hubo con todo esto un lugar para la fraternidad atemporal, seguro que no es casual que esto ocurriese justo un día antes de celebrar el símbolo de la fraternidad, esa señal de la revolución portuguesa que un veinticinco de abril de hace cuarenta y tres años se alzó en canto: «Grândola, vila morena/ Terra da fraternidade/ O povo é quem mais ordena/ Dentro de ti, ó cidade». Una revolución llena de clavel, juventud y futuro. Pero también llena de concordia y respeto entre generaciones. Gracias Isa Mil9 y León Literario por generar encuentros en la base de lo importante. Las alturas forman, las bases también.
Todo ello con la revolución de lo que queda por decir, como hito del día generado a la veneración del templo de la palabra y su hogar: el libro. Pero también como símbolo de libertad y disidencia, sabiendo que no hay fronteras para la palabra poema, y que su magisterio jamás se dicta, tan sólo se absorbe por quien de manera innata así lo percibe, el resto es doctrina… y la doctrina no tiene significado en ninguna revolución libre, menos aún en la poesía.