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Hugh Thomas deja vacante el principado de los hispanistas

Hugh Thomas. MARIO GUZMÁN

Hugh Thomas. MARIO GUZMÁN

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m. lorenci | madrid

Con la muerte de Hugh Thomas, el hispanismo moderno pierde a su príncipe. Referente para toda una generación de estudiosos de nuestro devenir, el historiador británico falleció a los 85 años en su casa londinense de Holland Park, en la madrugada del domingo. Fue uno los hispanistas que antes y mejor abordó nuestra contienda civil en un ensayo que se consagró pronto como un clásico: La Guerra Civil española. Pero su interés por España y su historia era de profundo calado y en su larga carrera investigó y escribió sobre el imperio español, Cuba, Venezuela, México o el comercio de esclavos desde España y Portugal. «Siento la pérdida de Hugh Thomas. Su conocimiento de nuestra historia y su europeísmo permanecen en su legado, una gran obra académica», le despedía ayer el presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, a través de Twitter.

Publicado en París en 1961 por el legendario sello Ruedo Ibérico, La Guerra Civil española fue un título clandestino en España que pasaba de mano en mano entre opositores y estudiantes de Historia durante el franquismo. Publicado cuando Thomas tenía apenas 30 años, revisado en 1977 y reeditado en 2001 y 2011, ejerció una poderosa influencia en la Transición.

Enamorado de España «desde que me deslumbró la luz de Antequera» a mediados de los cincuenta, encandilado por nuestra cultura y su forma de vida, aquí se sentía «verdaderamente feliz». «La España de hoy parece un país de tolerancia, demócrata, y no puede ocurrir lo que pasó entre 1931 y 1936» aseguraba un erudito Hugh Thomas que también facturó una monumental trilogía sobre la España del siglo XVI y su imperio.

Catedrático de Historia en la Universidad de Reading entre 1966 a 1975, también se desenvolvió en la política. Primero en el equipo de Harold Wilson, aunque abandonó a los laboristas en 1975 por su tibieza ante en la integración europea para sumarse entre 1979 y 1991 a las filas conservadoras, cuando la férrea Margaret Thatcher lideraba el partidos. Amante de los toros, amigo de la buena mesa, aficionado al vino de Jerez y los boleros, fue largamente galardonado, por ejemplo con la Gran Cruz de Isabel la Católica, y desde 1994 era miembro de la Real Academia de la Historia.

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