ANDRÉS SUÁREZ. CAntautor
«Empecé en el metro, y si me fuera mal volvería»
El cantautor gallego vuelve hoy al Gran Café, una de las primeras salas en las que actuó, para presentar los temas de su último disco, ‘Desde una ventana’.

El cantautor gallego Andrés Suárez. DL
Lugar: Gran Café.
Hora: 22.00.
Entradas: agotadas.
VERÓNICA VIÑAS | LEÓN
Comenzó en el metro y ahora llena estadios. Sin embargo, el cantautor gallego Andrés Suárez no olvida sus orígenes y no descarta, si vienen mal dadas, volver a tocar en la calle. Hoy presenta en acústico los temas de su último disco, Desde una ventana, en el Gran Café, uno de los primeros locales que se fijó en él. Volverá en febrero al Auditorio.
—Un artista que llena estadios, ¿por qué viene hoy al Gran Café en acústico?
—Es una iniciativa de la discográfica, que me parece muy acertada; ofrecer algo más que presentar únicamente el disco. El Gran Café es como mi casa. Me apetecía la idea de volver a los locales en los que empecé. Quiero reencontrarme con la gente, porque desde noviembre no me subía a un escenario.. Prefiero, para presentar el disco, cantar seis temas en acústico.
—Y vuelve a León, al Auditorio, el 17 de febrero...
—Sí. Antes actuaba donde me llamaban, en una sala, en una discoteca... Es la primera vez en mi vida que voy a hacer una gira teatral, con luz, atrezzo y más preparado. Sí, falta muchísimo para esa cita.
—¿Ha olvidado el tiempo que tocó en el metro?
—¡Cómo voy a olvidarlo! Tengo muy claro de dónde vengo, cuáles son mis raíces, mis orígenes... Estuve cantando en el metro más o menos un año, hasta que empecé en Libertad 8. La música viene y va, sube y baja y nadie está de vuelta, todos estamos aprendiendo. Hoy me va bien, pero si el día de mañana me fuera mal, volvería al metro con la cabeza bien alta; no me avergüenzo de nada, todo lo contrario. Cuando trabajas en el metro te das cuenta de lo pequeño que eres, de la prisa de la gente y de que hay que luchar para ganarse la vida.
—¿Cuánto hay de suerte en la música?
—No creo en la suerte. Supongo que existe, como las musas, pero tendrá un papel secundario. Yo creo en el trabajo. Si luchas, estudias, lees, peleas y viajas vas a crecer. Si esperas en casa a que aparezca la suerte, vas listo.
—¿No cree que tiene una carrera paralela a la de su admirado Glen Hansard?
—Recientemente estuve en un concierto suyo en Ferrol. Empezó a tocar en la calle a los 14 años, porque no quería estudiar, y ahora tiene un Oscar. Es el ejemplo de que si puedes soñarlo, puedes hacerlo. Creo que es un ejemplo para todos los músicos. Si él lo ha conseguido, por qué no los demás.
—¿La palabra cantautor le define como artista?
—La palabra cantautor, para mí es privilegio y honor, aunque quizá en este país debería respetarse más. Benditos Serrat, Aute, Sabina o Víctor Manuel y un largo etcétera de gente que nos dejó un legado maravilloso y que al otro lado del charco son dioses. Eso da que pensar. Yo escribo música, hago letras y las canto. Eso es ser cantautor, aunque haya evolucionado mucho. Ya no se trata de ser un hombre con una guitarra en un bar. Hoy puedes ir con una banda, con un grabador o con una base electrónica. Para mí, Iván Ferreiro, Roberto Iniesta o Glen Hansard son gente que hace que pegue saltos. La música se rige por los cantautores, me refiero a todo tipo de música, excepto los Beatles, que eran dos.
—¿Cómo se digiere pasar de tocar en la calle a llenar Vistalegre con 33.000 espectadores? ¿Da vértigo?
—Vértigo, ninguno. Vistalegre es la suma de muchos Libertad 8, Gran Café, Galileo... No creo en las carreras que pasan de cero a diez mil en una tarde por salir en un medio de comunicación. Hay que apreciar cantar para cinco, para doce o para nadie. Hay que currárselo mucho. Vistalegre está muy bien y ojalá haya muchos.
—¿Cómo es ‘Desde una ventana’, su último disco?
—Para mí, evidentemente, es el mejor, porque es el último disco, porque he crecido y he evolucionado. Han pasado dos años, he leído todo lo que he podido y he viajado mucho. Es un disco más maduro, en el que hay más amor que desamor y eso me encanta. Me encanta escribir por la mañana y no de madrugada y me encanta recibir la luz y el cariño de los que me rodean, y eso se refleja en el disco.
—¿Cómo le afecta la piratería?
—Si soy sincero, a mi me acercó al público. Cuando vendía cinco entradas en un bar y la gente grababa mi disco, a mi me estaban haciendo un favor, y me ayudaban en la promoción. Somos hipócritas y cínicos cuando hablamos de esto. Todo el que pueda conseguir algo gratis lo va a hacer. Todo el mundo ha pirateado, se ha descargado música y ha tenido, por tanto, cultura gratuita. Quizá ya no valga grabar un disco y vivir muchos años de ello. Ahora hay que hacer promoción, dar conciertos, moverse... los tiempos cambian y hay que adaptarse.
—¿No le han dicho que tiene más pinta de roquero que de cantautor nostálgico?
—El otro día lo hablaba con mi madre y nos moríamos de la risa. Si yo tuviera que vender discos por mi imagen, mal íbamos. La gente que yo he escuchado toda mi vida no tiene nada que ver con la estética, como Antonio Vega, Sabina, Pablo Milanés, Aute, Silvio Rodríguez. No sé dónde entra la imagen ahí. Yo hablo del arte y de las canciones. Yo tengo la estética que me hace feliz. Trato de que la gente se quede con mi obra.