Diario de León

LEÓN ■ PATRIMONIO

La Catedral se queda sin un ojo

El Cabildo destina 400.000 euros al rosetón de la fachada principal, que no se toca desde el siglo XIX

El rosetón de la Catedral, que va a ser restaurado.

El rosetón de la Catedral, que va a ser restaurado.

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verónica viñas | león

La Catedral de León se quedará ‘tuerta’. El rosetón de la fachada occidental no se ha tocado desde el siglo XIX y ha llegado la hora de una nueva intervención. En 1859 el arquitecto Matías Laviña detectó profundas grietas en este rosetón. Dos años después se talaban 400 pinos para llevar a cabo un complejo andamiaje que permitiera desmontar el gran vitral.

El Cabildo ya ha presentado a Patrimonio el proyecto para reparar el gran ‘ojo’ del templo gótico, el rosetón occidental. El coste de rehabilitar esta espectacular vidriera es de 400.000 euros, que se financiarán con cargo a la taquilla —la entrada que pagan quienes visitan la Catedral—. El rosetón contiene en el centro la imagen de la Virgen con el niño y está rodeada por doce ángeles trompeteros.

En el siglo XIX, de los 30 metros cuadrados del rosetón se conservaban 23, repartidos en más de 70 paneles, que precisaban una reparación urgente; a ellos hay que añadir los que estaban en situación crítica o habían desaparecido, hasta completar el número de 85 que originariamente formaban esta colosal vidriera circular.

Fue una restauración «larga y difícil», en palabras de Lázaro. Una vez reparado el rosetón, el equipo creado por el arquitecto restaurador de la Catedral estaba ya capacitado para acometer otra misión más difícil: salvar el resto de las vidrieras antiguas de la zona alta.

Dos siglos después de aquellos trabajos, Mario González, fabriquero de la Catedral, afirma que el desmonte y reparación del rosetón es una labor «de extremada complejidad». La empresa Esoca, que desde hace años realiza la restauración de las vidrieras del templo leonés, será la encargada de restañar las heridas del rosetón de poniente en un año en el que también ha recuperado los vitrales S-XVI y N-XVI, por importe de otros 500.000 euros.

Cuando Lázaro afrontó la restauración integral de las vidrieras de la Catedral a finales del XIX comenzó los trabajos, precisamente, por el rosetón occidental, «como un ensayo que contemplara todos los problemas de restauración de las vidrieras», asegura Víctor Nieto Alcaide, uno de los mayores especialistas de vidrieras del mundo en su tratado La vidriera española, quien explica que, en este caso, «completar lo que faltaba resultaba tan urgente como restaurar lo antiguo».

Así pues, las labores de restauración y renovación se funden y confunden, siguiendo los criterios de la época. Nieto Alcaide va más allá: «En la restitución hubo una labor de falsificación», dice, al utilizarse vidrios antiguos «de procedencia incierta» para la realización de nuevas vidrieras.

Lo cierto es que los constructores de la Catedral conocían los secretos de los vidrios y la óptica, ampliamente desarrollada por los árabes. En el siglo XIX, en cambio, el oficio de vidriero estaba poco menos que extinguido. Lázaro no quería «por humillante» encargar la reparación de las vidrieras leonesas a talleres de París o Bruselas.

La Catedral mostrará su peor cara cuando el ‘ojo’ de la fachada principal quede hueco. Y es que esta portada, vacía de esculturas desde que los santos fueron apeados y trasladados por su delicada situación al claustro en 2008, tienes varios arbotantes de la girola que están rodeados por andamios, además de la marquesina colocada de forma ‘provisional’ en el hastial sur hace siete años.

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