CULTURA ■ LIBROS
Franco y la CIA espiaron a la URSS con niños de la guerra
Rafael Moreno revela en un libro la colaboración secreta entre El Pardo y el Kremlin para facilitar su retorno.
miguel lorenci | madrid
De los más de 7.000 niños que la República y el PCE enviaron a la URSS en 1937, casi 3.000 decidieron regresar a España en pleno franquismo, a mediados de los cincuenta. Tenían entre 3 y 12 años cuando salieron. Entre 23 y 35 al regresar, tras la muerte de Stalin. La integración no fue fácil pero, contra lo que cabría suponer, el gobierno anticomunista de Franco colaboró con Moscú para facilitar su retorno. A algunos de ellos el régimen los utilizó como espías controlados y recompensados por la CIA. Fueron además un arma propagandística para soviéticos y franquistas. Lo demuestra Rafael Moreno Izquierdo (Madrid, 1960) periodista y profesor universitario que ha dedicado dos décadas a investigar, «la repatriación más importante en la historia de España». «Hubo conversaciones secretas entre El Pardo y el Kremlin», afirma el autor de Los niños rusos (Crítica), un documentado ensayo plagado de revelaciones. Entre ellas, cómo Franco y la CIA utilizaron a estos ‘niños rusos’ para espiar a la URSS. Otros fueron brillantes traductores que vertieron al español lo mejor de los clásicos rusos, eficaces ingenieros y trabajadores de alta cualificación en el desarrollismo franquista.
Moreno quiso «superar estereotipos» rescatando la historia oculta de estos críos, la mayoría de ellos vascos y asturianos, aunque también hubo catalanes, gallegos y valencianos. «Muy poquitos hijos de líderes comunistas», acota. Piedra angular de su investigación ha sido Cecilio Aguirre Iturbe, un bilbaíno que tenia 27 años cuando desembarcó en Valencia del abarrotado buque Crimea en septiembre de 1956. Con 89 años, es uno de los pocos vivos de un colectivo con más de 25.000 descendientes entre hijos, nietos y biznietos.
«Aguirre me facilitó su diario y su testimonio ha sido clarificador, un arquetipo de las historia de estos retornados», dice Moreno. Llegaron en ocho oleadas, entre 1956 y 1960, y fueron ellos quienes forzaron su salida. «Deciden que quieren regresar. Arman una campaña increíble de protestas y manifestaciones que llega a la embajada francesa y al Partido Comunista», explica el autor.
La gran mayoría de los que regresan «terminan integrándose en la sociedad española», pero no todos los casos fueron felices. Paradójicamente, el franquismo apoya su regreso «obviando su vigente Ley contra el comunismo y la masonería». «Franco, que no creyó al principio que Moscú los dejara volver, es pragmático y los utiliza como una demostración de aperturismo en pleno desarrollismo, para decir que el régimen está cambiando y siendo más liberal».
«Se gastó casi 300 millones de euros en dinero de hoy para ofrecerles casa y trabajo y facilitar su integración», dice Moreno. «Franco se dio cuenta de que no actuar podía ser un fracaso propagandístico y una comisión ministerial estudió caso por caso su situación».
La CIA, que había vuelto a España en 1953 temiendo que el espionaje soviético se infiltra en las bases tras la firma del tratado militar con EE UU, «vio en los retornados de infierno soviético un filón». Con la aquiescencia de Franco, «la CIA les interroga en el 53 y en el 56. Y es que nunca había salido tanta gente que hubiera vivido en la Unión Soviética profunda, conocido sus fábricas de armamento y de misiles, o vivido en ciudades secretas».