MINORÍAS ABSOLUTAS
Kafka a la sombra
Anteayer se conmemoraban los 134 años del nacimiento del enorme escritor checo Franz Kafka. Lo que no tengo tan claro es cuándo nació el término que hasta la RAE contempla en nuestra lengua: kafkiano.
Me resulta kafkiano el proceso por el cual las autoridades pertinentes han dejado calcinar uno de los pulmones de Europa: el parque de Doñana. Es atroz escuchar al cuerpo de bomberos en declaraciones públicas exponiendo cómo cantidad de efectivos sin activar se ofrecieron voluntarios, llamando directamente a los mandos, personándose en los cuarteles de operaciones y sin embargo les enviaban para casa diciendo que no eran necesarios sus servicios. Dos días hasta que se activó el protocolo necesario para erradicar el incendio poniendo en peligro la vida de los propios bomberos y dejando quemar más de 10000 hectáreas.
Muchas son las especulaciones sobre la casualidad de este incendio que se ocasionó supuestamente en una carbonería de la zona, pero lo que realmente sorprende es la inacción en el momento preciso para subsanar algo que ya poco o nada puede hacerse. Lloraremos unos, se frotarán las manos otros, y la vida continuará sin mayores repercusiones ni responsabilidades por cargarse —la falta de actuación premeditada conlleva una acción a favor del desastre— un patrimonio natural insustituible. Todo esto a comienzos del verano, como para poner en jaque al sistema y después del ejemplo desolador de lo acontecido en Portugal. Pero seguimos sin aprender ni tomaremos medidas para ello. Por algo será.
Igual de kafkiano me resulta la comparación que hacen a nivel municipal de nuestra plaza del Grano con la muestra restaurada, para ver que queda igual. Nada puede hacer el pueblo si no es votar cada cuatro años. Esta es la democracia coja que alimentamos. Para poco sirven las manifestaciones pacíficas de miles de leoneses; cuando el poder se obceca en vilipendiar elementos tan imprescindibles e irreversibles, el desastre sólo puede lamentarse, así alimentamos de nuevo el término del escritor checo. Tremendamente kafkiano es que sea un hito, a estas alturas del siglo XXI, el hecho de que una mujer, Ascensión Mendieta, con más de 90 años, pueda haber dado sepultura a su padre asesinado en la Guerra Civil Española. ¿Estamos locos? ¿Cómo es posible que no se pueda en masa y con la connivencia del estado dar sepultura a tantos y tantos que siguen en cunetas?
Más kafkiano aún me resulta el premio Princesa de Asturias de este año. Que la Comunidad Europea sea premiada con el galardón de la concordia es una broma macabra y de muy mal gusto. La gestión que está haciendo con el tema de los refugiados —gran parte del problema en Oriente Medio lo hemos generado los occidentales, no sólo el ISIS ha creado el caos actual— es tan nefasta que al final uno asume que conceder este premio, precisamente el de la concordia, es una chanza poco afortunada por parte del establishment. Así andamos, con la incomprensión, el término y las realidades de un Kafka insuperable a remojo.