Un mapa señala los 3.765 tesoros de León
Los drones y las nuevas tecnologías han permitido descubrir 765 yacimientos arqueológicos en los últimos ocho años.

Detalle de una estela de mármol con una inscripción dedicada a Antonio Pio, Emperador romano del siglo II, hallada en la excavación de la calle San Pelayo. ARCHIVO
verónica viñas | león
El ‘mapa del tesoro’ de León no es el secreto mejor guardado. La Junta conoce con exactitud los enclaves donde hay restos de antiguos asentamientos, desde el Paleolítico a la Edad Media. La Carta Arqueológica de León incluye, según los datos facilitados por la Junta, 3.765 enclaves, de los que únicamente 25 han sido declarados Bien de Interés Cultural (BIC). En los últimos ocho años han aflorado 765 yacimientos, gracias sobre todo al uso de drones y nuevas tecnologías, que han permitido localizar, sin necesidad de usar el pico y la pala, explotaciones de oro romanas en el Bierzo hasta ahora inéditas.
Sin embargo, en una era en la que los satélites detectan, sin salir del despacho, reliquias enterradas desde hace milenios, los últimos hallazgos prehistóricos en León han sido de lo más primitivo. Un grupo de espeleólogos se toparon por casualidad con uno de los descubrimientos más espectaculares de los últimos años. Localizaron en 2006 en una cueva del municipio de Valdelugueros dos esqueletos de dos hombres del Mesolítico. Igualmente, los petroglifos de la Maragatería no son sólo uno de los hallazgos más fascinantes del arte rupestre de los últimos años, sino que contienen los laberintos más antiguos del mundo. Su descubridor, el astorgano Juan Carlos Campos, un aficionado a la arqueología, sabía la importancia de estos grabados prehistóricos mucho antes de que los investigadores de la Universidad les prestaran atención y certificaran que, efectivamente, son, como mínimo, del Calcolítico, es decir, que tienen más de 5.000 años de antigüedad.
Cofres del tiempo
En el subsuelo está escrita la ‘biografía’ de los pobladores que habitaron esta provincia desde la Prehistoria. Auténticos cofres del tiempo que han preservado restos que van desde la Edad del Hierro a la época moderna, esenciales para saber cómo eran y cómo vivían nuestros antepasados. La Junta renueva continuamente este inventario con todos los lugares arqueológicos de interés, donde incluye datos como su ubicación, cronología, tipología, estado de conservación, descripción general, materiales arqueológicos, tipos de actuaciones y planos.
Es un mapa cambiante, en el que figuran los yacimientos arqueológicos conocidos, descubiertos gracias a prospecciones, hallazgos casuales y nuevas técnicas que han convertido la arqueología en una ciencia que se puede practicar desde casa. La detección por satélite, cuyo precedente son los vuelos arqueológicos y las fotografías aéreas y el PNOA (Plan Nacional de Orografía Aérea), que escaneó hace años toda la Península, explican la proliferación de nuevos yacimientos en el mapa arqueológico de León.
Sólo un mínimo porcentaje de los 3.765 yacimientos catalogados por la Junta han sido excavados. La falta de subvenciones ha reducido en los últimos años los proyectos de investigación y, consecuentemente, las excavaciones, que prácticamente sólo se llevan a cabo cuando es imprescindible. Los yacimientos arqueológicos en ningún caso son excavados al completo. La legislación establece la necesidad de acotar zonas de reserva arqueológica, de modo que su preservación para el futuro quede garantizada. Por ello, es fácil adivinar que quedan aún muchos ‘tesoros’ por descubrir. Probablemente sólo un golpe de suerte, como ocurrió con los petroglifos o los dos esqueletos hallados en la cueva de Arintero, puede sacar a la luz el ingente patrimonio que yace bajo la ‘piel’ de esta provincia. El título de BIC sólo ampara a once zonas arqueológicas, diez enclaves de arte rupestre y cuatro castillos, que no se han librado de sufrir todo tipo de infortunios, como el expolio de la cueva Librán o la destrucción de los restos de Lancia por la construcción de la autovía León-Valladolid; o el caso de la villa romana de Los Villares, donde la concentración parcelaria resultó letal para los restos.
Los saqueadores
Acceder a la carta arqueológica, donde se indican las coordenadas de todos los yacimientos de la provincia, exige un permiso de la Junta. Aunque esta «información sensible no se facilita a cualquiera, los saqueadores tienen sus propios métodos. La ubicación de muchas grutas con arte rupestre, en lugares resguardados en pleno monte y lejos de cualquier población, permite a los ladrones realizar con tranquilidad excavaciones arqueológicas en busca de objetos milenarios muy bien pagados en el mercado negro. El Servicio de Protección a la Naturaleza (Seprona) de la Guardia Civil realiza cada año más de 500 intervenciones por expolios arqueológicos en España. «Algunos descubren enclaves arqueológicos antes que los propios arqueólogos», según ha confesado Ángel Morillo, profesor de la Universidad Autónoma de Madrid y experto en el León romano.