MÚSICA
The Bellrays: incendio de rhythm and blues

The Bellrays tocan hoy en León.
Lugar: el Gran Café (calle Cervantes, 7).
Hora: 22.00.
Entradas: 15 euros en taquilla.
The Bellrays son una declaración de intenciones. Un incendio de rhythm and blues. Porque con los californianos, formados en 1990, sería como si el Gran Café adelantara el inicio de curso con un concierto en el que de la mano de la pareja Lisa Kekaula y Bob Vennum (lo que el rock ha unido no lo separa el dinero, casi han venido a decir), será como si se presentara el programa completo del año. Todo lo que deberías saber del rocanrol para aprobar del aquí al próximo junio. «Punk, pero no punk. Rock, pero no rock. Soul, pero no soul...», apuntan ellos.
Y es que Kekaula y Vennum pasan por encima de sus conciertos, que valen por lo menos el doble de lo que cuestan. Descargan un repertorio sobre el que da hasta vergüenza apuntar estilos cuando ellos llevan grabado a sangre y fuego que provienen, aunque sean más queridos en Europa, de la tierra que inventó el jazz y el rock. Lo dicen. Y, también, aunque les resulte un poco decepcionante que luego su país sólo lo traduzca a ventas y beneficios, como le confesaban el año pasado al periodista Ignacio Juliá. En definitiva, que aunque hubieran corrido el riesgo de morir de éxito, no lo hubieran permitido.
Pero por acotar lo que será un concierto desbocado en el mejor de los sentidos, lo que hace The Bellrays circula desde el punk al soul para llegar a la música total. Lo que en registros temporales sería desde el trienio prodigioso del punk de los 77-80 hasta hoy mismo. Pero con la involución bien entendida que los reivindica como maestros del blues y el rhythm and blues y que entonces también los asocia con todo el roncanrol clásico.
Tal vez, algo tan completo sea lo que se merece la imponente voz de Lisa Kekaula, un arma perfecta tanto para la precisión vocal como el mejor de los caos. Tanto en las canciones propias como en las sorprendentes versiones que llevan a su terreno. O la justificación de una trayectoria que del Black Lightning (2010) al Let it blast (1998) es además la mejor guía para entenderlos y, de paso, comprender la evolución real del rocanrol de su país. Aquella construida a base de tablas y carreteras siguiendo la ruta marcada por los clásicos. Pero sin olvidarse de que cuando tocan The Bellrays el escenario está que arde. Y ahí reside toda la vigencia.