Monumentales denuncias formuladas en voz baja
La Fundación Cerezales abrió la exposición ‘El silencio absoluto no existe’, del artista cubano Adrian Melis El aspecto sonoro es clave en su labor de crítica.

La exposición está formada por, entre otras, diversas piezas audiovisuales. JESÚS F. SALVADORES
e. gancedo | león
La nuevas instalaciones de la Fundación Cerezales Antonino y Cinia, un edificio vanguardista y sostenible en pleno medio rural leonés, dieron ayer la bienvenida a una segunda exposición tras su apertura el pasado 9 de abril. Se trata de El silencio absoluto no existe , exhibición del cubano Adrian Melis (La Habana, 1985), de insólito título y no menos sorprendentes propuestas. Queda claro que, después de observar unas creaciones que radiografían con acierto las incoherencias y fracturas de nuestro tiempo, no cabe el silencio o, al menos, la indiferencia.
Tal y como informaban los responsables de una entidad que recibía a un numeroso público durante el acto de inauguración, El silencio absoluto no existe toma como premisa la teoría de John Cage que afirma que el silencio total es un imposible. «Si nos fijamos en el componente sonoro de los trabajos de Melis, se desvela que los sonidos registrados entre el ruido del capitalismo y los ecos del comunismo, entre el sonido y el no-silencio, transmiten el estado neurótico de un mundo en el que la crisis política, económica y, hay quien diría que de imaginación, ha tomado el control».
Y así, el rugido de una destructora de papel deshaciendo los currículums de 3.000 parados españoles se yuxtapone a los 150 sueños de trabajadores cubanos que se quedaban dormidos en sus puestos de trabajo. En un punto concreto, el padre del artista, que sigue creyendo en la utopía de Fidel Castro, intenta reconciliarse con el futuro de Cuba en una entrevista muda, mientras que, en otro, varias mujeres cubanas cantan a su glorioso pasado. «Muebles, trastos, tierra, cubos y contenedores reproducen el estudio de sonido que Melis ofreció a varios refugiados para que representaran sonoramente su viaje hasta Atenas y dieran forma al futuro que soñaban —describen—. Todos estos sonidos y no-sonidos componen un paisaje sonoro en la sala de exposiciones». De ahí que El silencio absoluto no existe quiere invitar a disfrutar de la exhibición en modo de «escucha reducida», la que el compositor francés Pierre Schaeffer considera el estado de escucha más avanzado, ya que demanda que el oyente entienda el sonido de una imagen «como algo autónomo y separado de su fuente, como un material en bruto».
Una experiencia, la de un sonido que se puede oír pero no ver, que imita a la neurosis y a otros problemas mentales, entre cuyos síntomas está el oír voces . «Y es que, ¿no nos hemos convertido ya, de alguna manera, en seres neuróticos al formar parte de la economía neoliberal?», se preguntan los organizadores.
La muestra podrá verse en Cerezales hasta el 12 de noviembre.