CULTURA ■ LA ENTREVISTA
«El Sur de León sigue sin saber apreciar el patrimonio que tiene entre manos»
CÉSAREO FERNÁNDEZ DE LAS CUEVAS | AGUSTINO, PRESIDENTE DE LA ASOCIACIÓN ‘LOS OTEROS-LA VEGA
Natural de Valdesaz de los Oteros, el sacerdote Cesáreo Fernández de las Cuevas posa ante el castillo de Valencia de Don Juan. JESÚS F. SALVADORES
e. gancedo | león
Más que un colectivo es una macro-asociación tanto por la extensísima área geográfica en la que ha puesto el foco como por su voluntad de convertirse en una especie de paraguas o escudo protector del resto de agrupaciones locales. Se trata de la asociación Los Oteros-La Vega, que nace llena de ilusión por dinamizar cultural y socialmente el Sur de León, una zona marcada, ante todo, por su olvido, su vaciamiento y su silencio, por su invisibilidad pública. Esto es, todo el bajo Esla con los anchos y ondulados páramos, de límites difusos, que lo circundan por el Este: Los Oteros, el Valmadrigal y Las Matas.
—¿Con qué objetivo principal se ha creado la asociación Los Oteros-La Vega y quiénes han sido sus impulsores principales?
—Fundamentalmente queremos que nuestro Sur de León vuelva a respirar majestuosidad porque tiene monumentos artísticos de primer orden. Modestamente tengo que decir que la idea partió de un servidor, pero enseguida encontré eco en personas como José Luis Alonso Ponga, Lorenzo Gorostiaga, Luis Mateos Iglesias, Maximiano Pastrana Santos, José Ramón Prieto Sáenz de Miera, Maximiano Trapero, Ángel Penas Merino… Espero haberlos nombrado a todos los que en un primer momento acudieron a mi inquietud. Al mismo Juan Martínez Majo, presidente de la Diputación, le pareció una magnífica idea cuando se lo mencioné.
—¿Qué tipo de actividades tenéis pensado realizar para cumplir (al menos, en parte) vuestros fines? ¿Algunas de las que hayáis celebrado hasta la fecha?
—Podría decir que nuestros objetivos fundamentales pasan, ante todo, por procurar que el patrimonio de nuestros pueblos esté bien cuidado. Pero también procuraremos ayudar y apuntalar las distintas asociaciones culturales que existen o que están surgiendo en la zona. Hacer algunas exposiciones de pintura, dibujo, artes… de personas vinculadas a nuestras localidades, y organizar conferencias de temas de interés en lugares donde sea posible reunir a una buena cantidad de personas. Posiblemente también ofreceremos conciertos de la banda de música de Valencia de Don Juan o de la de León. En deportes, por ejemplo, existe la idea de llevar a cabo una Vuelta Ciclista a los Oteros (y otra a la Vega), para aficionados. Hicimos un pequeño ensayo en Villademor con una exposición de pintura y una conferencia del catedrático José Luis Alonso Ponga. Ahora está programada en el Colegio de los Agustinos de Valencia de Don Juan una exposición fotográfica desde el 26 de este mes hasta el próximo 3 de septiembre.
—Vuestro radio de acción es, en principio, muy amplio... ¿Cómo gestionar un área tan amplia y llegar a todos o a casi todos los pueblos?
—Por de pronto hemos llevado en mano, a los 72 pueblos del área, cartas a los alcaldes y a las asociaciones culturales de cada uno de ellos. Ahora la respuesta está en la otra orilla. Pienso en la cierta vergüenza que sentirá más de uno cuando venga a la exposición fotográfica y no encuentre su pueblo... Siempre he pensado que no hay nada imposible, todo es cuestión de voluntad y de tenacidad.
—¿Por qué cree que esta zona está tan olvidada, que ha cuidado tan poco su patrimonio, su etnografía, sus costumbres? Otras comarcas cuentan con asociaciones potentes o al menos muy activas que consiguen hacer visibles sus pueblos.
—Los lugareños de esta comarca parece que han querido vivir de una historia no construida por ellos. Entonces se han acostumbrado de tal manera a ver sus, por ejemplo, monumentales templos, que siguen sin darse cuenta del valor artístico que tienen entre manos. Y hay que conservarlos. Hay que darles vida. No es que pensemos imitar a nadie, pero estamos convencidos de que en grupo —en equipo— todo es posible de coronar. Una piedra cuesta subirla a una cima, pero cuando has llegado hasta allí, ¡qué satisfacción inenarrable!
—A nivel histórico, ¿estas áreas estaban unidas por algún tipo de identidad concreta? ¿O siempre han sido así, un poco difusas, de límites territoriales poco definidos?
—Recordemos que antaño se construían grandes núcleos poblacionales en torno a conventos y los mismos religiosos (ora et labora) enseñaban a los habitantes a labrar las tierras y, así, autoalimentarse y valerse por sí mismos. No había esclavos. Recordemos que no hace muchos años en cada pueblo 60, 100 o más vecinos eran pequeños propietarios que se autoabastecían de lo más necesario: nunca les faltó pan para comer y vino para beber. Esa ha venido siendo su principal identidad.
—A su juicio, ¿qué podría hacerse para dinamizar la zona (desde las administraciones y los ciudadanos...) para salir adelante a nivel económico, demográfico, turístico...?
—En algunas de nuestras administraciones todo está muy centralizado en las alcaldías. Así como los ayuntamientos presentan sus presupuestos, también se debería dar facilidad para que los pequeños pueblos (que son muchos y cada día más) tuvieran algún estímulo palpable. Habrá que preparar trípticos, folletos, literatura… para que vengan visitantes a ver nuestros monumentos y conocer nuestras costumbres. Desgraciadamente no queda juventud en los pueblos. Todo el que puede ir a estudiar lo hace, y en buena hora. ¿Cómo van a regresar a nuestros pueblos quienes han logrado un título profesional? «¿A qué?», dirán ellos. Sin embargo un buen ingeniero agrónomo —por poner un ejemplo— podría ser un acicate y excelente orientador de nuestros vecinos.