Adiós a Nati Mistral, siempre genio y figura
La temperamental y versátil actriz y cantante madrileña muere los 88 años.

La artista Nati Mistral, en una imagen de 2006. ALBERTO MARTÍN
miguel lorenci | madrid
Como el fiero y frío viento del noroeste al que alude su apellido, Nati Mistral era todo temperamento. Batalladora, activa y polifacética, desplegó tanto genio como figura en medio siglo de carrera en la música, el teatro y el cine. Natividad Macho Álvarez en su DNI, Nati Mistral para el mundo de la farándula, nos dejó ayer domingo. Tenía 88 años y llevaba meses en un delicado estado de salud, tras sufrir un derrame cerebral el otoño pasado. Mordaz, osada e indomeñable, la actriz cantante y bailaora que contaba chistes a Franco y decía siempre lo que pensaba, se declaraba «española, madrileña y monárquica». No ocultó jamás su simpatía por la «derechona» y se jactaba de que nadie le hiciera callar.
Desarrolló Mistral una larga y desigual carrera con sus mejores momentos en la segunda el mitad del siglo pasado. Alternó la canción, del cuplé y la copla al muy castizo chotis, con las tragedias clásicas. El cine con la revista, y la zarzuela y los recitales poéticos. Alejada de los escenarios y los focos, siguió dando muestras de su fuerte temperamento en platós de televisión y revistas del corazón.
La versátil y temperamental artista destacó en una generación de folclóricas plena de talento, con Lola Flores, Carmen Sevilla, Concha Piquer, Rocío Jurado o Juana Reina. Madrileña y castiza, tomó su nombre artístico de la chilena Gabriela Mistral, poeta a quien su madre idolatraba, para llevar por el mundo grandes dramas y versos, de Lope de Vega a Lorca, a quien interpretó infinitud de veces.
De la tragedia a la comedia
Recorrió España y América llenando teatros desde finales los cuarenta a principios de los noventa. Tocó todos los palos escénicos, de la tragedia a la comedia, pasando por la zarzuela, las variedades y el musical, género que introdujo y engrandeció en España. Primera cantante española presentada en la británica BBC, cumplidos los ochenta años seguía ofreciendo recitales. Con Cantares, poemas y bailes de España se despidió en Buenos Aires recitando a Lope, Manuel Benítez Carrasco, Rafael de León y Villaespesa, e interpretando sus canciones favoritas: Yo vi llorar a Dios, Gracias a la vida, Sueño imposible y Balada para un loco.
De humildísimo origen, había nacido en Madrid el 13 de diciembre de 1928. Estudió canto en el conservatorio y subió de niña con un Shakespeare al escenario del Teatro Español. Un premio radiofónico ganado con 15 años fue su catapulta en la gris España de la posguerra. Había cantado un fado en Radio Madrid y su talento no pasó inadvertido para Manolo Caracol y Lola Flores, quienes la contrataron para formar pareja artística con Tony Leblanc en su compañía. Su gran oportunidad llega en 1948, cuando ‘Los Vieneses’, Arthur Kaps y Franz Johan, le ofrecen una gira por Europa. Pasa cinco años en Alemania con varias temporadas en el Operetten House de Hamburgo. Rehizo allí su decaído ánimo tras la ruptura de su relación con Tony Leblanc, novio que la dejó plantada poco antes de la boda. Se casaría en 1959 con Joaquín Vila Puig, industrial barcelonés que fue el gran amor de su vida, y que murió en 2014.
En los cincuenta triunfa en el teatro de la mano de Luis Escobar, actor, director y empresario teatral que le permite encadenar éxitos con revistas, y a mediados de los sesenta triunfa con la primera versión del musical El hombre de La Mancha que abría la poco explotada veta del los grandes musicales.
Alterna luego zarzuelas como La corte del Faraón con dramas como Fortunata y Jacinta, Bodas de sangre y Anillos para una dama. Su interpretación en Divinas palabras, de Valle-Inclán, anticipó éxitos dramáticos como Medea o La Celestina. En Argentina fue empresaria de su propio teatro, el Avenida de Buenos Aires, junto al actor Alberto Closas. Reaparecía en España en los ochenta con Isabel, reina de corazones y La chunga de Mario Vargas Llosa. En los noventa abordó el musical Hello Dolly para cerrar su carrrera con Nati Mistral. Punto.
Como cantante fue una de la grandes del cuplé, con un repertorio que abarcó todos los títulos icónicos desde los años veinte. Menos recorrido y reconocimiento tuvo su carrera en el cine, en el que debutó en 1946 con Las inquietudes de Shanti Andía. De pequeños papeles pasó a protagonizar títulos como María Fernanda, la Jerezana, La Nao Capitana, Currito de la Cruz, Cabaret, Mis Buenos Aires queridos o Frutilla, su última aparición en la gran pantalla en 1980. Además, jalonó su larga carrera con galardones como el Premio Nacional de Teatro en 1997, el Mayte de Honor en 2006, el José Isbert y la Medalla de Oro de las Bellas Artes concedidos en 2007.