«Para ser aquella época, era un sacerdote muy abierto»

Antonio Rodríguez Peñamil, sobrino del protagonista. J. A. BALBOA
Antonio Rodríguez Peñamil, dominico que ha desarrollado su carrera de docente en Córdoba y Madrid, es sobrino de don Pedro. Le conoció siendo niño, cuando tendría unos seis años, pero resalta de él que era «un hombre espléndido». «Ayudó mucho a su familia, puso a estudiar a sus sobrinos y amaba sobremanera el Bierzo —cuenta—. En cuanto podía venía y mantenía largas charlas con los curas de Carracedo, Cacabelos, Villadepalos... Era lo que se dice un personaje, muy conocido en la Diócesis de Astorga y, en general, en toda la provincia de León». Otro aspecto que desea resaltar es su amplio bagaje intelectual: «Conocía todo el movimiento intelectual de la España de la época. Por ejemplo, se conserva una carta en la que habla de Julián Marías, de cómo ‘estaba poniendo en solfa’ la filosofía de Ortega y Gasset». «Se trataba de un hombre de su tiempo, eso no lo podemos negar, pero era mucho más abierto que todos los sacerdotes de la época», asegura, y recuerda cómo en cierto momento de la guerra, estando en la casa familiar, animó a huir a un paisano perseguido por sus ideas. Y recalca: «Quiso morir como San Francisco de Asís, pobre, por eso pidió que en ese momento le bajaran de la cama al suelo».