El arquitecto que siempre miraba hacia las alturas
Julián Delgado Úbeda no sólo fue el hombre que diseñó el refugio de Collado Jermoso y otros más ubicados en casi todos los sistemas montañosos del país: también quien difundiera en toda Europa las bellezas de Picos y el autor de la primera guía publicada sobre este parque nacional, que cumplirá cien años el próximo 2018..

Retrato de Julián Delgado Úbeda (1895-1962).
e. gancedo | león
Por raro que parezca, nadie había abierto aquel armario por espacio de años, de muchos años. Y si se había abierto, nadie había reparado en el amasijo de papeles, carpetas y libros que escondía en sus profundidades. Eso hasta que a Jorge Delgado, nieto de ese arquitecto que amaba tan profundamente la montaña como los edificios humanos, se le vino literalmente encima en cierta ocasión. Allí, en aquellas cuartillas amarillentas y fotografías en blanco y negro, encontró resumida buena parte de la vida de Julián Delgado Úbeda (1895-1962), presidente de la Federación Española de Montañismo durante dos décadas y que conoció y caminó los Picos de Europa como pocos. La elevación del famoso refugio de Collado Jermoso y la redacción de la primera guía del entonces conocido como ‘parque nacional de la montaña de Covadonga’ fueron algunas de sus iniciativas relacionadas con un espacio natural de cuya protección —fue el primer parque nacional español— se cumplirá un siglo este próximo 2018.
Embarcado en una intensa tarea de divulgación y rescate de la figura de su abuelo, Jorge Delgado, publicista de profesión, escribió hace unos años un libro de sugerente nombre, Viajes por el armario del abuelo, donde da cuenta de la pasión que aquel hombre sentía por la montaña. «Esa sería la palabra exacta, porque este hombre logró unir ambas cosas en vida. Y sin duda es eso lo que siempre buscamos; unir nuestra pasión con nuestra profesión», explica quien participara, el pasado 22 de agosto, en la concurrida jornada de homenaje por los 75 años de la creación del refugio leonés Diego Mella-Collado Jermoso.
Refiere Jorge Delgado que, paradójicamente, aquella pasión prendió en un chaval de llanura con raíz en Carrión de los Condes, plena Tierra de Campos. Emprendía excursiones a pie o en bicicletas arcaicas hasta los pies de los valles altos, «sugestionado por el librillo de Díaz Caneja Cumbres palentinas». En un discurso hallado en aquel montón de papeles describía Delgado Úbeda la emoción de sus primeros contactos con las cumbres: «De allí partí para conocer las tierras de montaña, tierras incógnitas entonces, adentrándome por los dominios de las grandes moles rocosas del erguido Espigüete, de afilada punta, y del Curavacas, macizo sobrio y poderoso a cuyos pies hay un lago de leyendas de trasgos y dragones».

Jorge Delgado. DL
Si Jorge Delgado, también miembro y responsable de Comunicación de la Federación Española de Montañismo, tuviera que resumir la principal aportación de aquel hombre tan recto como entusiasta, no duda al calificarlo como «embajador de las montañas». «Desde luego, primero hay que situarse en una época en la que todo estaba por hacer —reflexiona—. Era arquitecto, hablaba perfectamente cinco idiomas y pertenecía a una generación en la que despuntaron personajes como Pedro Pidal, que junto a Gregorio Pérez El Cainejo fue el primero en subir el Naranjo de Bulnes; la época vio a Maurice Herzog conquistar de forma heroica el primer ochomil del planeta; al espeleólogo Norbert Casteret descubrir la tercera gruta más profunda de Europa y a Raymond Despouy poner toda su pasión en crear un comité pirenaico entre franceses y españoles». «Ese tipo de ilusión fue la que movió a Delgado Úbeda, que lo mismo actuó en Picos, que en Francia o en Gredos. Para mí, hizo que el montañismo español se incluyera en el escaparate internacional, por ejemplo con la pertenencia a la Unión Internacional de Asociaciones Alpinas o impulsando las relaciones pirenaicas hispano-francesas con una guerra mundial y una nacional por medio, así como la implantación de la muy importante red de refugios», cuenta.
Y aunque se moviera en geografías variadas, siempre llevaba a Picos muy cerca del corazón: «Desde luego, me consta que cuando salía al extranjero para alguna asamblea internacional, siempre hablaba de Picos. Porque para él no era solo Picos, sino un lugar donde se sentía muy querido… su amistad con Diego Mella (presidente de la Federación Leonesa), plasmada en infinidad de cartas, es prueba de ello, pero también la de la propia gente de los pueblos, dándole su nombre a una calle o al Mirador del Tombo». Otro amigo clave fue Pedro Pidal, a quien consideraba, recuerda Delgado, «un baluarte fundamental en la historia del alpinismo y en la creación de los parques nacionales», y que le prologó la ya citada primera guía del parque.
Planos iniciales del refugio de Collado Jermoso
Pero, de poder visitar hoy la zona, ¿qué cree Jorge Delgado que más apreciaría su abuelo de los actuales Picos de Europa, y qué criticaría? «Sin duda estaría orgulloso de ver que, cien años después, el cuidado y la protección del entorno natural sigue estando de plena actualidad y atención. Aunque está claro que, para ellos, el turismo era otro turismo al que hoy acontece... y quizás esta desproporción es lo que no entendería —concede—. Me parece que no estaría conforme con la actitud en la que está instalada la sociedad de hoy. En la montaña pasa igual, y esa forma de poner los propios intereses al servicio del montañismo en términos generales ha pasado a la historia».
Y entre las cosas que más le satsifacerían, «seguro que ver el refugio de Collado Jermoso que él levantó, cómo lo cuidan y cómo invierten en su conservación —argumenta—. Comprobar, por ejemplo, la pasión y el espíritu de servicio con que Pablo trabaja incansablemente por los montañeros y para unas mejores condiciones de accesos, confort e información». La última ocasión la tuvo el pasado 22 de agosto con motivo de los 75 años del refugio, un acto que resultó «muy especial» para el autor de Viajes por el armario del abuelo (ediciones Bubok). «Solo el hecho de estar allí y tener presente las historias del pasado a través de los planos del proyecto, las cartas personales con Diego Nella o el cariño con que la gente hablaba del abuelo, fue una delicia», desgrana quien durante los últimos años ha entablado amistad con varias personas del valle de Valdeón «como Isidoro Rodríguez, que tiene un lazo muy especial con la zona, y cuya aportación continua hace que su nombre vaya a tener, sin duda, un lugar propio en la historia del Jermoso».
«Quizás de todos los refugios que hizo el abuelo y que he visitado últimamente, es este con el que me siento más identificado —confiesa—. Además, su ubicación y lo que supone llegar hasta allí lo hace más querido».
Portada de la primera guía de Picos y a la derecha, recorte sobre la figura de este arquitecto, montañero, divulgador, gestor... DL
Una vida en un armario
De todos modos, ¿cómo dio con todos esos papeles y qué se encontró exactamente Jorge Delgado en ellos? «Fue por casualidad, como suceden las grandes cosas —contesta—. Nadie en la familia se había tomado el tiempo de abrirlo y de ver lo que allí había hasta que por una reforma en casa de mi tía, donde se encontraba ese armario, me vi metido en todo esto». «¿Y qué me encontré? Pues todo cosas vividas. Una vida entera en la que uno puede sumergirse en cientos de aventuras de las que no quisiera salir nunca». Allí había «millones de cartas personales, papeles arrugados, paquetes atados con cuerdecillas, mapas, dibujos y anotaciones cartográficas, fotos, libros… una vida dedicada al montañismo pero también una forma de hacer las cosas y unos valores muy diferentes... Un legado que sirve como modelo para las cosas que queremos hacer bien. ¿Más cosas? También muchas oportunidades y mucha predisposición para viajar a todos aquellos lugares donde se entremezclan los personajes de entonces y los de ahora. Un viaje en el tiempo».
«Para mí, ese descubrimiento y la redacción del libro hicieron salir a la luz decenas de anécdotas curiosas, como si todo aquello tomara realidad y volviera a los escenarios de sus aventuras —indica—. Por ejemplo; yo había releído un libro sobre un congreso internacional celebrado en París en 1932, donde el abuelo pronunció una conferencia sobre las construcciones en la montaña. Incluso está en el armario su acreditación de entonces. Durante el 2015, y siendo miembro del equipo de organización del primer congreso internacional de montaña que se celebraba en España, me parecía encontrarme con el abuelo por los pasillos continuamente. En fin, que todo ha sido un gran descubrimiento que aún hoy continúa».
El pasado 22 de agosto, en la celebración de los 75 primeros años del refugio de Collado Jermoso, Jorge Delgado pronunció unas palabras, un pequeño discurso donde dejó claro que las cosas más hermosas «surgen de sueños imposibles». «Solo con ilusión se hacen posible. Si desde el cielo Diello Mella y Julián Delgado Úbeda tuvieran un sueño, ese sería el de volver a construir este refugio, y por supuesto en este mismo lugar…».

