Diario de León

GRAN WYOMING presentador, músico y humorista

«No somos como Sabina, que sale con el público entregado»

El Gran Wyoming sube esta noche al escenario de Espacio Vías junto a su banda de cabecera, Los Insolventes. DL

El Gran Wyoming sube esta noche al escenario de Espacio Vías junto a su banda de cabecera, Los Insolventes. DL

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León

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Lugar: Espacio Vías.

Hora: 22.00.

Entradas: 18 euros en taquilla.

p. rodríguez | león

José Miguel Monzón (Madrid, 1955) es El Gran Wyoming y viceversa. Hasta sus detractores tienen que reconocer que se parece bastante a la imagen que proyecta, pese a la sobreexposición televisiva a la que se somete a diario. Esto es, habla a ese ritmo imparable conocido que, también hay que decirlo, ha traspasado su generación para seguir en el candelero. Pero a León le trae la música, que ha sido una afición continua en su vida. Mañana sábado llega al Espacio Vías con su banda de cabecera, Los Insolventes, en el último asalto de la fiesta de cumpleaños del Gran Café, tras los últimos conciertos de Godfathers y Última Experiencia (ayer), esto es, Los Insolventes cuando tocan sin Wyoming.

—Conoce León, ha estado y ha tocado. ¿Es llegar ya con el público ganado?

—No. Nosotros tenemos que levantar el concierto cada vez que tocamos. No somos como Sabina, que ya tiene el trabajo hecho y con empezar una canción ya tiene al público entregado. A León vamos dispuestos a levantar al público desde cero. Porque, si no nos lo curramos, la gente pasa de nosotros como de la mierda.

—De todas formas, el factor fama algo influirá, ¿no?

—Sí, pero vienen a ver qué hace este tío. Al principio, algunas veces pensaban que iban a ver monólogos míos.

—Aunque en estos casos lo suyo es el rock... ¿Por qué nunca ha dejado la música estando tan ocupado?

—Lo primero que hice fue música. Y, sí, nunca lo he dejado. No pretendemos trascender porque lo hago como terapia personal. Tocamos un fin de semana sí y otro, no. Que hay que atender a la familia.

—El contacto cercano con el público es tan diferente a lo de la tele... ¿Cómo lo compagina en su cabeza?

—Tendría que estar tocando 400 años para que me viera tanta gente como me ve en la tele. En los conciertos la reacción es inmediata. Ves cuándo entran, cuándo bailan... Es otra dimensión, otra adrenalina. En la tele te tienes que olvidar de que el público está, y dirigirte a una sola persona.

—Y hablando de música: ¿Puede decirse que lo que hacen es rock?

—Sí, rock como un género que va desde los años cincuenta hasta ahora. En Woodstock todo se llamaba rock y había de todo.

—¿Ahora no hay nombres tan míticos como entonces porque son peores músicos? ¿Le gusta algo actual?

—Ahora un Frank Zappa no va a salir porque es otra historia. Puede gustarme Jack White, pero no le puedo exigir lo mismo porque el negocio exige otras cosas. En la década de los sesenta hubo una eclosión de música que no se sabe porqué fue. Había más mística que consumo. La música era la parte ceremonial de una forma de vida, de una idea de sociedad, de contracultura, de integración de la mujer...

—¿Y qué queda de usted de aquellos años de su primer grupo, Paracelso, cuando salía hasta el alcalde madrileño Tierno Galván a decir: «El que no esté colocado que se coloque»?

—Esa frase demuestra la regresión que ha habido en el mundo. El recorte de libertades. El cambio ha sido brutal. Ahora nos venden separación de poderes... ¿Y hay que creérselo? En aquellos años no se vivía con perspectiva de futuro, porque lo importante era el presente. No se hacían planes. Con las mismas, yo incluso acabé la carrera de Medicina. Se vivía al día.

—¿Motivos para la esperanza?

—Soy un hombre sin fe. No creo en la religión verdadera ni en esta.

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