CULTURA ■ LITERATURA

Mateo y Merino relatan la vida de dos enfermos

Los autores leoneses abordan en ‘Vivir a pulso’ la historia de dos pacientes

José María Merino y Luis Mateo Díez. JESÚS F. SALVADORES

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León

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daniel roldán | madrid

Manuel Arellano, enfermo renal. Este título «tan decimonónico» es el que había pensado Luis Mateo Díez para titular el relato que le había pedido la Clínica Universidad de Navarra (CUN) sobre uno de sus pacientes. El escritor leonés es el último creador que aceptó la propuesta del centro médico de plasmar en un texto corto un ejemplo de superación. A Díez le ‘tocó’ Manuel, que sufría una crónica renal crónica terminal. Recibió un trasplante, pero tuvo muchas complicaciones, entre ellas un cáncer testicular bilateral y un linfoma difuso de células B en 2009.

Hace tres años,con el infoma en remisión completa, recibió otro injerto renal. Y todo,con un optimismo y una sonrisa que no esconde. «Si no tengo título, no puedo escribir. Solo tenía las notas, pero cuando le ví se me ocurrió el título: El cuerpo doblado. Ahora es un cuerpo serrano», indica el autor. Manuel incluso ha participado en juegos de trasplantados. «Me ayudó a entender lo que yo tenía en la cabeza», señala el paciente sobre su escritor. La historia de Manuel es una de las diez que ha publicado la durante la última década bajo el epígrafe Historias de la Clínica y que ahora se reúnen en solo tomo, Vivir a pulso (Alfaguara). Todas las ventas de este libro,prologado por Valentín Fuster, y los derechos de autor irán destinados al programa Niños contra el Cáncer de la CUN con el fin de encontrar una solución a los casos de niños con cáncer a que aún no la tienen. En el libro también ha participado el escritor leonés José María Merino con La batalla de todos los días, que cuenta la historia real de una paciente que sufría obesidad y que dio el paso de someterse a una cirugía bariátrica para mejorar su vida. Además han participado en esta iniciativa Juan Manuel de Prada, Soledad Puértolas, Gustavo Martín Garzo, Mercedes Salisachs, Lorenzo Silva, Fernando Aramburu, Marta Rivera de la Cruz y Bernardo Atxaga. Pequeña como un reyezuelo (un pequeño pájaro). Ese extracto de un poema de Emily Dickinson es lo primero que se le pasó por la cabeza a Atxaga cuando conoció a Felisa Rodríguez en 2015, una zamorana que lleva casi toda la vida viviendo en Barañain —localidad próxima a Pamplona— y que sufre de NARP, una enfermedad degenerativa que primero le dejó sin vista cuando era una niña y después sorda. «La última vez que la vi me dije que es un reyezuelo pero con corazón de león», asevera.

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