Diario de León

EPISODIOS INÉDITOS desentrañados

Historia secreta de los monumentos de León

El reloj desaparecido de la Catedral, la escalera que el templo gótico ‘copió’ a Da Vinci o el proyecto de un observatorio meteorológico en el Palacio de los Guzmanes forman parte de la historia secreta de los monumentos leoneses que el historiador Jorge Martínez Montero ha logrado desentrañar.

La Torre Sur de la Catedral tuvo tres relojes. Arriba la esfera anterior. La actual fue restaurada por Rolex en 1992. JUAN LESMES

La Torre Sur de la Catedral tuvo tres relojes. Arriba la esfera anterior. La actual fue restaurada por Rolex en 1992. JUAN LESMES

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VERÓNICa VIÑAS | LEÓN

Parece un thriller. La historia oculta de muchos monumentos ha dejado pistas en algunos archivos. El historiador leonés Jorge Martínez Montero les ha seguido el rastro para desentrañar episodios inéditos vinculados a la Catedral, San Isidoro o el Palacio de los Guzmanes. Profesor de Historia del Arte en la Escuela de Arte y Superior de Conservación y Restauración de Bienes Culturales y en la Universidad de León, ha descubierto la curiosa historia de los relojes de la Catedral, que acaba de desvelar en un simposio internacional.

La Torre Sur del templo gótico tuvo tres y no dos relojes, como se creía hasta ahora. El primero, del año 1523, obra del fraile leonés Francisco, contaba con dos autómatas —un soldado y un león— y se encuentra actualmente en el claustro.

El segundo reloj, desconocido hasta ahora, se lo encarga el Cabildo al zamorano Francisco Francos en 1773. Costó 40.000 reales y duró sólo quince años. La Iglesia emprende entonces un pleito contra el constructor y encarga al mejor relojero europeo, Collet, un dictamen. El caso llega incluso al tribunal eclesiástico de la Rota. La justicia, tan lenta entonces como ahora, dicta sentencia cuando Francos ya ha fallecido; sin embargo, sus herederos consiguen venderlo para la torre de la iglesia de Santa María del Azogue de Benavente, donde funcionó 85 años, hasta que en 1877 lo fulminó un rayo. Lo cierto es que una coplilla popular desvelaba, en cierto modo, el destino del reloj catedralicio: «Campana la de Toledo, iglesia la de León, reloj el de Benavente y rollo el de Villalón».

El Cabildo pensó encargar al célebre relojero londinense Evans uno nuevo para la torre, pero, finalmente, el tercero, de 1788, es obra del madrileño Ramón Durán, al que pagó 50.000 reales. Es el que se conserva actualmente, aunque la esfera original fue objeto de un ‘estrambótico’ robo en 2005. La Guardia Civil la localizó en un anticuario de León que la puso a la venta en Internet. La firma suiza Rolex hizo una nueva esfera en 1992, que se encuentra en estos momentos muy deteriorada.

La escalera ideal

Martínez Montero también descubrió que la Catedral de León ‘copió’ un boceto de Leonardo Da Vinci. La pista estaba, en este caso, en la Biblioteca Nacional de París. Concretamente, en el llamado Manuscrito B, fechado en los años 1487-1489, donde se recogen el diseño y las medidas de una escalera ideal del maestro florentino, que inspiraron tanto la escalera dorada de la catedral de Burgos, como la de la sala capitular del templo gótico leonés. Tanto Diego de Siloé como Juan de Badajoz, autores de las escalinatas de Burgos y León, toman la idea prestada, de manera indirecta, del cortile del Belvedere, del Vaticano, obra de Donato de Bramante, siguiendo el citado boceto de Da Vinci. Lo curioso es que la escalera también sirvió de modelo a la Catedral de Santiago, la de la Almudena de Madrid y hasta para el Palacio Real de Estocolmo. El proyecto es tan espléndido que fue repetido en el Hotel Baltimore de Los Ángeles y en el Centro Gallego en La Habana, entre otros lugares.

El observatorio de la Diputación

El historiador leonés Martínez Montero es autor de una investigación sobre el rocambolesco proyecto del arquitecto Francisco Blanch y Pons para construir un observatorio meteorológico en el torreón sudeste del Palacio de los Guzmanes, sede actual de la Diputación. El plan no se llevó finalmente a cabo por falta de presupuesto y porque la idea no se consideró urgente. El observatorio, diseñado a finales del XIX, tenía un coste de 1.545 pesetas y 49 céntimos —cantidad que incluía un 2% para imprevistos y el 6% por beneficio industrial—.

Los tapices del rey tarquino

Martínez Montero, autor de un exhaustivo libro sobre el papel de la escalera en el siglo XVI, ha centrado sus últimas investigaciones en relojería, retablos, rejería e iglesias desaparecidas de León.

En el reciente Congreso Internacional de Tardogótico celebrado en Lisboa expuso la historia de Hernando Díaz, noble benefactor de San Isidoro. Este regidor leonés y fiscal del Consejo Real, cuya familia eligió como lugar de enterramiento la capilla de La Magdalena en la colegiata de San Isidoro, donó al edificio románico una espectacular colección bibliográfica. Hernando Díaz legó a San Isidoro ediciones excepcionales de las obras de Aristóteles, Dionisio el Cartujano o San Jerónimo, que se conservan hoy en la biblioteca. También dejó en herencia cinco valiosos tapices que representan la historia del rey Tarquino. Su destino es desconocido, aunque la catedral de Zamora posee unos de la misma época (siglos XV y XVI), considerados una joya de la tapicería mundial.

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